REZANDO JUNTOS, 13 de junio. San Antonio de Padua, Doctor de la Iglesia. San Mateo 5. 13-18. Ciclo A

Me alegra dirigirme a ustedes en este dìa 13 de junio. Fiesta de San Antonio de Padua. Confiando en su intercesión, nos preparamos para nuestra meditación.

Nace en Lisboa en 1195. Se llama Fernando. Antonio significa: defensor de la verdad. Trabó amistad con un grupo de franciscanos y quiso imitar a San Francisco. Para ello se separó de los agustinos. A los 27 años se hizo franciscano y tomó el nombre de Antonio en recuerdo de San Antonio Abad.
Unos de sus milagros cuenta que un descreído pidió al santo que le probara con un milagro que Jesús sí está en la Santa Hostia. El hombre aquel dejó a su mula tres días sin comer, y luego cuando la trajo a la puerta del templo le presentó un bulto de pasto fresco y al otro lado a San Antonio con una Santa Hostia. La mula dejó el pasto y se fue ante la Santa Hostia y se arrodilló.
San Francisco le dice: “Su oficio es el de predicador” y por obediencia recorre pueblos y ciudades predicando. Su predicación conmovía los corazones y transformaba las voluntades. Las multitudes lo seguían.
Consumido por el esfuerzo y la enfermedad sintió venir la muerte. Entonó un canto a la Sma. Virgen y sonriendo dijo: “Veo venir a Nuestro Señor” y murió a los 35 años. Era el 13 de junio de 1231. La gente recorría las calles diciendo: “¡Ha muerto un santo! ¡Ha muerto un santo!”.
Dios quiso glorificar su sepulcro obrando allí infinidad de milagros. El Papa Gregorio XI lo declaró santo al año de muerto. Pío XII lo declaró “Doctor Evangélico”. La gente experimenta que él conmueve el bolsillo de los ricos para ayudar a los pobres y consigue buenos matrimonios. La experiencia de cada día enseña que San Antonio no defrauda a los que le rezan con fe. Es muy especial protector para encontrar objetos que se habían perdido.
Meditemos en el Evangelio de San Mateo 5. 13-18.

Señor, hablas a tus discípulos y les dices: que son la sal de la tierra y la luz del mundo, la sal està para dar sabor y la luz para alumbrar. Nos invitas a que nuestra luz brille delante de los hombres, para que viendo nuestras buenas obras, demos gloria a nuestro Padre que està en los cielos.
Nos quieres transmitir el sentido de nuestra misión y del testimonio que tenemos que dar.
La sal nos llama a dar sabor al mundo, muchas veces insìpido de valores y sentido. Nos evoca a la alianza, la solidaridad, la vida, la cultura. Seremos sal cuando en todos los medios y actividades en las que estamos involucrados, el ingrediente de las buenas palabras y noticias, del amor, la comprensiòn y del querer y pensar sea como el Tuyo.
Siendo sal, tenemos todas las posibilidades de “ser” para los demás y de dar el sabor de Dios a la vida del prójimo. Mas esa sal se puede desvirtuar, cuando dejamos de vivir las Bienaventuranzas y no somos coherentes con el pensar cristiano, es decir, Si no somos pobres en espíritu, si no lloramos por lo que Jesús llora, si no somos mansos, si no tenemos hambre ni sed de justicia, si no somos misericordiosos, limpios de corazón, ni pacificadores, y si no somos perseguidos por el mundo, Señor ya no vives en nosotros y no tendremos ningún impacto en el mundo.

Tengo que vivir la función de “sal” en mi familia, en mi trabajo y en mi sociedad ayudando a sazonar, la vida de tantos, que por las situaciones y circunstancias que han vivido, viven de una forma insipida la vida, sin chispa ni gracia, ha perdido la ilusión, las ganas y alegría de vivir, y no puede ser, porque la vida es realmente bella y agradable. Llevar armonía, paz, alegría, servicio, entusiasmo. Eso es ser sal…
No puedo caer en la tentación de pensar que no soy esa sal de la tierra. Si me has dotado de unos dones y de unas cualidades, es por algo; nos has puesto aquí, para ser testimonio ante los demás.
Tambièn me llamas a ser luz. La Luz es la primera obra de Tù creaciòn y es fuente de la vida; Tù mismo y Tù Palabra es comparada con la luz, como proclama el salmista: “Tu palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi camino” (Sal 119,105).
Cada don que me has dado, es parte de esa luz que ha sido puesta para que alumbre, para que ilumine. ¡No temas!, le dice Elías a la mujer. ¡No teman!, nos decía San Juan Pablo II, y tambièn nos lo recordó varias veces, el Papa Benedicto XVI. No puedo vivir mi catolicismo para mis adentros. Estoy llamado a ser luz, que ilumine el rostro de quien se encuentre en mi camino.
No puedo ocultar la alegría que llevo dentro, ese ardor que me brota ante un momento de oración frente a la Eucaristía, ante ese Dios que me habla. Ahì me dices cómo quieres que sea luz y sal, qué rincón quieres que alumbre, quién es esa persona cercana que necesita de esta luz. ¿Qué me frena, qué me hace esconderme debajo de una olla? Señor, estàs Conmigo, y si una luz se apaga otra se enciende, porque ahí estás, Señor, dando siempre al ser humano grandes hombres de fe que son realmente lámparas para sus hermanos y amigos.
Mi propósito en este dìa, es llevar la luz de la alegría a mi alrededor, compartir mi sonrisa, producto del amor y la presencia que llevo de Dios en mi interior, darè siempre buen ejemplo jamàs escandalizando y siempre haciendo el bien.
Mis queridos niños, Jesùs nos dice que somos sal de la tierra y luz del mundo, què hermosa misión nos da Dios, darle sabor al mundo con nuestro ejemplo, buenas obras, alegría, entusiamos y las ganas de vivir y ayudar a los demás. Tambièn nos pide que seamos luz, realmente tenemos que poner en alto la luz de nuestra fe, caridad, esperanza, para que los demás siempre encuentren en nosotros, personas que iluminamos el camino de los demás.
P. Dennis Doren, LC

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *