REZANDO JUNTOS, Jueves 10ª Semana TO. San Mateo 5. 20.26. Ciclo A,

Siempre es una bendiciòn, comenzar un nuevo dìa, hoy jueves de la 10ª Semana del TO, nos dirigimos al Señor dispuesto nuestro corazón para comenzar nuestra oración.

Señor, gracias por escucharme, vengo a dialogar contigo para que me enseñes a perder y ceder, tantas cosas que tengo que ir limando en mi vida, y así gane tu gracia y se adentre, haciéndome entrever algo de tu grandeza.
Crúzate, Señor en mi camino, y ayúdame a cambiar de rumbo si no estoy haciendo Tu Voluntad, gáname la batalla de mi entrega encauzando a Ti toda la capacidad de mi ser, con toda la ilusión de mi vida, cobijada bajo Tu sombra protectora. Sè que Tu presencia me cuida, acompaña e ilumina.
Bajo la luz del Espìritu Santo, meditemos en el Evangelio de San Mateo 5. 20-26.
Jesús hoy anuncias y pides una justicia superior a la de los escribas y fariseos, es decir, nos das un mandamiento mayor, que es el de la caridad, amar de corazón y de verdad a los demás. Este mandato de la caridad no es sino una invitación a imitarte.
Señor en el trato con los demás, ¿quièn no encuentra dificultades, roces, momentos de tensión?. Por eso, tengo que buscar darle el primer lugar a la caridad antes que a la ira, al resentimiento, a la crìtica, a los juicios duros e infundados. Si hemos ofendido a otra persona, tenemos que buscar pedir perdón u otorgarlo. Jesús nos pides restablecer la armonía en las relaciones con los demás, hasta en los casos de contiendas o procedimientos legales. Cuàntos juicios, por herencias, divorcios, custodias de hijos, fraudes, terminan en luchas campales entre hermanos, amigos, socios o esposos, siendo que antes existía entre ellos un lazo de amor, resulta que ahora ni se pueden ni ver ni hablar. Cuàntas veces sacrificamos la caridad por algo material.
En la ley de la caridad, dada por Tì, no hay lugar a la ley del talión. Jesús nos pides la perfección en el amor. ¿Hasta dónde debemos llegar en la caridad? Tù eres quien nos pone la medida. Hasta dar la vida por los demás. ¿Estamos viviendo de esa manera? Nuestra misión como cristianos es hacer presente y real a Dios Amor en este mundo. No a un Dios lejano, del temor, sino al Dios que nos ama y que se define como Amor.
Seños nos dices: “Cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar…” Esta frase nos evoca un momento específico de la celebración eucarística: la presentación de las ofrendas. Este gesto humilde y sencillo tiene un sentido profundo. En el pan y en el vino que llevamos al altar están representadas también nuestras vidas, pues todo es precioso a Tus ojos.

Todas nuestras obras, oraciones, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el estudio, el descanso… Todo, si se realiza en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, se convierten en sacrificios espirituales agradables ofrecidos a Tì Dios Padre unidos a la ofrenda del Cuerpo del Señor.
Antes de que te presentemos oraciones y ofrendas, quieres que nos reconciliemos con nuestros hermanos. La caridad vale más que cualquier forma de culto. El mandamiento de la caridad nos obliga a evitar daños y molestias a los hermanos, a no permitir ningún tipo de conflicto que nos pueda dividir, a querer de corazón a mi prójimo.
La Eucaristía es el sacramento de la caridad y si participo en ella me compromete a vivir este mismo amor en actitudes y comportamientos de vida. Si separo el culto a Tì y el amor fraterno no puedo ser buen cristiano. Más aún: la gente reconocerá que soy cristiano por la caridad. También Tù me “reconocerás”, aceptarás mis oraciones y ofrendas, si van acompañadas por la caridad. Esta virtud no se limita a evitar dañar a mis hermanos; reclama también una solicitud atenta y delicada para hacerles el bien, para evitarles tristezas y ocasiones de caída, para superar los conflictos que inevitablemente pueden surgir.
Mi propósito en este dìa, es reconciliarme con la persona que me he peleado y nos hemos ofendido. Ofrecer este gesto de caridad en la Misa que vaya en la semana.
Mis queridos niños, Jesùs nos invita a vivir la caridad, siendo delicados en el trato con los demás, antes de ofrecer cualquier cosa a Diosito, Jesùs nos dice que nos tenemos que reconciliar, asì mismo nos dice que nos tenemos que arreglar pronto con los que nos hemos peleado, nos invita al control a no enojarnos, a no insultar y menos a despreciar a alguien, quiere que vivamos la verdadera caridad.
P. Dennis Doren, LC

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