MARÍA EN EL SENTIR DE LOS DOCTORES

Posted by on Mar 31, 2018 in Pensamiento del día | 0 comments

Este es el sentir en que se afirman tantos santos padres y teólogos, de los cuales no es justo decir, como lo hace el autor nombrado, que para exaltar a María ha usado de hipérbole, o sea, exageraciones excesivas. Exagerar y proferir hipérboles es exceder los límites de la verdad, lo cual no se puede decir de los santos, que, por serlo, han hablado guiados por el Espíritu de Dios que es el Espíritu de la Verdad.

Y séame permitido hacer una breve digresión para expresar mi propio sentir: cuando una sentencia es de alguna manera honrosa para la Virgen santísima, tiene algún fundamento y no es contraria ni a la fe ni a los decretos de la Iglesia ni a la verdad, no mantenerla o contradecirla porque la sentencia contraria también puede ser verdadera, denota poca devoción a la Madre de Dios. No quiero yo pertenecer al número de estos devotos tibios, ni querría que de ellos fueran mis lectores. Seamos más bien del número de los que creen plenamente y con toda firmeza todo lo que redunda en gloria de María, porque como dice el abad Ruperto, entre los obsequios más grandes que podemos hacer a esta Madre está el de creer firmemente sus grandezas.

Y aunque no hubiera habido otra razón, basta para quitar el temor de excederse en las alabanzas de María lo que dice san Agustín, que por mucho que alabemos a María todo será poco para lo que ella se merece debido a su dignidad de Madre de Dios. Añádase la autoridad de la santa Iglesia que nos hace rezar en la misa de la Virgen: “Feliz eres, sagrada Virgen María, y dignísima de toda alabanza”.

Pero volvamos a nuestro propósito y veamos lo que dicen los santos de nuestra sentencia. San Bernardo afirma que Dios ha colmado a María con todas las gracias para que los hombres, por medio de María, como por un canal reciban todos los bienes. Y el santo hace la reflexión de que en el mundo, antes de que naciera la santísima Virgen, no había para todos los hombres esta corriente de gracia porque no existía este anhelado acueducto. Pero que para esto ha sido dada María al mundo, para que por este canal llegasen de continuo las gracias a nosotros.

Como Olofernes, para rendir la ciudad de Betulia, ordenó cortar el acueducto, así el demonio procura como puede hacer que el alma pierda la devoción a la Madre de Dios, porque una vez cegado este canal de la gracia, más fácilmente la conquistará. “Considera –dice san Bernardo– con qué afecto y devoción quiere el Señor que recurramos siempre a esta nuestra reina María con plena confianza en su protección, porque en ella ha colocado la plenitud de todo bien a fin de que en ella y por ella tengamos plena confianza y reconozcamos que todos los bienes de Dios nos vienen por mano de María. Lo mismo dice san Antonino: “Por ella viene del cielo cuanto de gracia llega al mundo”. Todas las misericordias que se dispensa a los hombres, todas vienen por mano de María.

 

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