Lecturas del Sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

Posted by on Jul 12, 2018 in Lecturas y Reflexiones | 0 comments

Lecturas del Sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (6,1-8):

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas se cernían. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!» Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.» Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: «Aquí estoy, mándame.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 92

R/. El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,24-33):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, gracias por este momento que tengo para estar contigo. Haz que el sonido de tu voz resuene en mi corazón, para que pueda conocer tu voluntad. Ayúdame a tenerte presente durante el día, para que pueda aprender a amar a mis hermanos como los amas Tú. Concédeme acogerte en el lugar más oculto de mi corazón, para que pueda amarte siempre y sin cesar. Ora conmigo, ora en mí para que yo pueda aprender de Ti a orar.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús, hoy me invitas a no temer, a saber que estoy en tus manos y que nada ni nadie podrá separarme de Ti si yo no lo quiero. Me dices que no tema sino a los que pueden matar mi alma. ¿Quiénes son ellos Jesús? ¿Quién puede ser capaz de matarme el alma?
No es el demonio, ni el mundo ni la carne… soy yo y sólo yo quien puede matar lo más precioso que tengo, pues todos ellos, aunque lo quieran, no pueden hacerme pegar sin mi consentimiento. Ellos pueden poner las ocasiones, pero es mi libertad la que tiene la última palabra, la que puede hacer de una tentación una oportunidad de crecimiento, o una muerte segura.
Soy yo, y sólo yo quien puede permitir que el amor que te tengo se enfríe y muera. Es mi indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos la que convierte en piedra lo que alguna vez fue un corazón de carne. Soy capaz de cosas muy grandes Jesús, eres Tú quien me llama a la santidad, y el demonio quien me llama al egoísmo y la indiferencia, pero soy yo quien tiene que responder.
Ayúdame, Jesús, que mi libertad esté siempre encaminada hacia Ti. No permitas que nada ni nadie me separe de tu lado. Ayúdame a amarte siempre y mejor. Y que si algún día tengo la desgracia de caer en la tentación, recuerde que tu amor es más fuerte que la muerte, y que siempre estarás allí, en el confesionario, dispuesto a resucitarme.

«Que María Santísima, que siguió a Jesús hasta el calvario, nos acompañe también a nosotros y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una cruz sin Jesús, la cruz con Jesús, es decir la cruz de sufrir por el amor de Dios y de los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección.
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2017).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré vivir cada momento evitando todo aquello que pudiera apartarme de Jesús.

Post a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

468 ad