Lecturas del Jueves de la 7ª semana de Pascua. Ciclo A.

Posted by on May 31, 2017 in Sembrando Esperanza

 

Jueves, 1 de junio de 2017
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (22,30;23,6-11):

En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos.
Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos.»
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.) Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?»
El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma.»

Palabra de Dios
Salmo
Sal 15

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (17,20-26):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Te alabo, Dios mío, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas. Me acerco a tu presencia como un pobre pecador que no merece ser acogido, como la oveja perdida que ha escapado de su pastor o como el hijo pródigo que se ha ido de casa y ha malgastado todos los bienes. Y aun sintiendo tal indignidad me siento acogido en los brazos del Padre que jamás olvida o rechaza a sus hijos, sino que cada vez que vuelven los cura y los cuida entre sus brazos.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A veces parecería que el mundo se encamina a un precipicio o que no tiene sentido. Al caminar por la calle y contemplar los rostros de las personas, uno puede darse cuenta de la inquietud en la que viven muchos y de la desilusión en la que están otros. Se puede llegar a pensar que cada día el mundo está peor, y podría ir creciendo en nuestra mirada una capa gris, que nos quita la esperanza.
Pero el cristiano no puede vivir sin esperanza porque para el cristiano hay un Padre que lo espera. Sin duda el camino es largo y cansado, muchas veces podremos vivir experiencias desagradables, incluso podemos llegar a sentir momentos en los que parece que nuestras fuerzas se han acabado por completo. Pero en el fondo debe permanecer firme la experiencia del amor, esa experiencia que nace del encuentro con ese Dios que me mira y que toca a las puertas de mi corazón todos los días para que contemple su misericordia. Que me hace descubrir, en medio de las tinieblas, la explosión luminosa de su amor. Que me hace sentir la fuerza de su abrazo acogedor.
Jesús, enséñame a hablar con el Padre como Tú lo haces. Enséñame a decir, como lo haría un niño, la palabra «Padre». Que jamás me aparte del camino que Él me ha trazado pues es ahí en donde puedo encontrar la plena felicidad. Enséñame a ver la vida con ilusión y esperanza.

«Ante las tragedias que golpean a la humanidad, Dios no es indiferente, no está lejos. Él es nuestro Padre, que nos sostiene en la construcción del bien y en el rechazo al mal. No sólo nos apoya, sino que, en Jesús, nos ha indicado el camino de la paz. Frente al mal del mundo, él se hizo nuestro servidor, y con su servicio de amor ha salvado al mundo. Esta es la verdadera fuerza que genera la paz. Sólo el que sirve con amor construye la paz.»
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de abril de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, voy a rezar el Padre nuestro con especial atención en la palabra «Padre», recordando que en verdad estoy delante de mi Padre y que Él me escucha.

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54- DIME QUÉ SIEMBRAS Y TE DIRÉ QUÉ COSECHAS- Sembrando Esperanza II.

Posted by on May 2, 2017 in Sembrando Esperanza

  1. DIME QUÉ SIEMBRAS Y TE DIRÉ QUÉ COSECHAS

 

Hemos comenzado este año con nuevos bríos y mucho entusiasmo. Un nuevo capítulo para algunos,  un nuevo libro para otros, nuevas páginas que se abren en blanco y que escribiremos lo que nosotros queramos. ¿Qué vas a escribir?, ¿qué vas a ir sembrando en tu caminar a lo largo de este nuevo año? Siembra sólo aquello que tendrás la certeza que producirá una buena semilla, ve arrojando en tu caminar palabras, pensamientos, pero sobre todo, actos buenos que el día de mañana, cuando eches la vista atrás, veas una cosecha que te llene de orgullo y de satisfacción.

Quien planta árboles, cosecha alimento.

Quien planta flores, cosecha perfume.

Quien siembra trigo, cosecha pan.

Quien planta amor, cosecha amistad.

Quien siembra alegría, cosecha felicidad.

Quien planta vida, cosecha milagros.

Quien siembra verdad, cosecha confianza.

Quien siembra fe, cosecha certezas.

Quien siembra cariño, cosecha gratitud.

Quien planta justicia y verdad, cosecha paz.

Quien siembra paciencia, cosecha armonía.

Quien planta perdón, cosecha la grandeza de corazón.

Quien siembra buenos pensamientos, cosecha benedicencia.

Quien siembra esperanza, cosecha el cielo.

No obstante, hay quienes prefieren:

Sembrar tristeza y cosechar amargura.

Plantar discordia y cosechar soledad.

Sembrar vientos y cosechar tempestades.

Plantar ira y cosechar enemistades.

Plantar injusticia y cosechar abandono.

Sembrar impaciencia y cosechar inseguridad.

Plantar rencores y cosechar venganzas.

Sembrar malos pensamientos y cosechar críticas.

Somos sembradores conscientes, repartimos diariamente millones de semillas a nuestro alrededor.

Que podamos escoger siempre las mejores, para que, al recibir la dádiva de la cosecha justa, tengamos siempre motivos para agradecer… Jesús es el MAESTRO, síguelo y cosecharás para la vida eterna…

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53. QUÉ HACER EL ÚLTIMO DÍA DEL AÑO. Sembrando Esperanza II.

Posted by on May 2, 2017 in Sembrando Esperanza

53. QUÉ HACER EL ÚLTIMO DÍA DEL AÑO

Hoy, en esta noche, al final del año, cierras un capítulo más en la “historia de tu vida”. Hace un año, cuando comenzaste este capítulo, eras una persona con grandes proyectos, dispuesta a enfrentar los desafíos que te deparaba un año nuevo. Aunque afloraban los temores e inseguridades, más grandes eran tus ilusiones y el desafío que planteaba para ti un año nuevo.
Esta noche has cerrado un capítulo en el libro de tu vida. El libro es todo tuyo, te lo puso Dios en las manos. Pudiste haber hecho de él lo que quisieras: un poema, una elegía, una pesadilla, una tragedia, un canto o una oración. Pudiste… Hoy, ya no se puede; los capítulos vividos y escritos ya no son tuyos, ya los has escrito, ahora pertenecen a la historia y a Dios. Él, algún día, te los volverá a leer con todos sus detalles.
El capítulo que cierras ya no puedes corregirlo, ha pasado al dominio de la eternidad. Piensa unos momentos. Es ésta tu última noche del año, los últimos momentos con tu familia, con tus compañeros de estudio o trabajo, con aquellos que fueron tus amigos y también con aquellos que nunca llegaron a serlo. Aquellos con quienes te hubiera gustado intimar, pero no se pudo. La timidez y otros pretextos te alejaron irremediablemente de aquellos a los que recordarás simplemente como compañeros y ya no como “amigos”.
Es tarde para el ayer, pero se nos abre un mañana lleno de promesas y de esperanzas. Toma tu libro y léelo despacio. Hojéalo… para que no repitas los errores del ayer y refuerces en el mañana tus mejores virtudes. Deja pasar sus páginas por tus manos y por tu conciencia. Ten el placer de leerte a ti mismo; léelo todo. Repite aquellas páginas en las que pusiste tu mejor empeño. Lee aquellas otras que querrías nunca haber escrito. No… No… No intentes arrancarlas, es inútil, ten valor para leerlas. Son tuyas, no puedes destruirlas, pero sí puedes corregirlas; cuando escribas el próximo capítulo en este nuevo año que inicia, en que todavía sus páginas están en blanco. Si lo haces así, Dios las leerá con gozo cuando abra tu libro en el último día.
En esta última noche del año repasa lo escrito en tu libro; hay allí trozos enteros de ti mismo. Es un drama apasionante en el que tú eres el actor principal; tú en escena con Dios, con tu familia, con tus compañeros de estudios o trabajo, con tus sueños y aspiraciones, con la vida; tú lo has escrito con el instrumento asombroso de tu capacidad de elegir entre todo el mar de cosas que nos dio el Señor de la vida.
Es un libro misterioso que en su mayor parte no puede leerlo nadie más que Dios y tú. Si tienes deseos de besarlo, ¡bésalo!; si tienes ganas de llorar ¡llora! Esta noche las lágrimas están más que permitidas: Por los que no están, por los que se fueron sin despedirse, por los que nos dejaron en el camino, por los que tomaron otros rumbos y porque en esta noche cierras un capítulo definitivo de tu existencia.
No reprimas tus emociones. Si tienes ganas, llora fuerte sobre tus viejas páginas en las que se termina una etapa de tu vida, pero sobre todo, reza, reza sobre tu libro viejo; reza a Dios por tu familia, por tus compañeros de aventura en la conquista de la vida, en el desafío de construir un mundo más humano, más justo. Un mundo mejor para los que nos siguen, para nuestros hijos. Un mundo para la solidaridad y el amor.
Tómalo entre tus manos, levántalo hacia el cielo y dile a tu Señor desde el fondo del corazón: “Gracias, Padre mío, gracias por tu amor”. Después ponlo a sus pies, no importa cómo esté. Es probable que tengas páginas negras, pero Dios sabe perdonar, y sobre todo, sabe amar.
Esta noche te va a dar Dios otro libro, completamente nuevo y blanco. Es tuyo, vas a poder escribir en él lo que quieras. Pon el nombre de tu Dios en la primera página; después, pídele humildemente que no te deje escribirlo solo. Dile que siempre te tenga de la mano y te hable al corazón.
En muchos otros lugares hay alguien como tú… muchos como tú, que en una estrellada noche inician un nuevo libro y prenden la misma luz en la noche en que el año viejo se queda con nuestras tristezas y el año nuevo ilumina, brillante y lleno de esperanzas, las sendas de un nuevo amanecer.

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52. NAVIDAD ERES TÚ. Sembrando Esperanza II

Posted by on Oct 6, 2016 in Sembrando Esperanza

  1. NAVIDAD ERES TÚ

 

Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma.

El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida.

Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida.

La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir.

La luz de Navidad eres tú, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, la alegría y la generosidad.

El pesebre de Navidad eres tú, cuando te haces pobre para enriquecer a todos y acoges al Niño Dios en tu corazón.

Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor.

Los pastores de Navidad eres tú, cuando llenas tu corazón con aquel que lo tiene todo.

La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro del Señor.

Los reyes magos eres tú, cuando das lo mejor que tienes, sin importar a quien.

La vela de Navidad eres tú, cuando decides iluminar.

La música de Navidad eres tú, cuando conquistas la armonía dentro de ti.

El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano.

La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está escrita en tus manos.

La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y restableces la paz, aun cuando sufras.

La Misa de Navidad eres tú, cuando te haces alabanza, ofrenda y comunión.

La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado.

La fiesta de Navidad eres tú, cuando dejas el luto y te vistes de gala.

Tú eres, sí, la noche feliz de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al Salvador del mundo sin ruidos ni gran aparatocidad, tu sonrisa de confianza y de ternura en la contemplación interior de una Navidad perenne que establece el reino dentro de ti. ¡Feliz Navidad!

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51. EL AMIGO DEL HIJO. Sembrando Esperanza II

Posted by on Jul 3, 2016 in Sembrando Esperanza

  1. Hijo prodiga RembrantEL AMIGO DEL HIJO

             “En la esperanza seremos salvados”. Con esta frase de San Pablo a los Corintios, el Papa Benedicto nos ofrece su nueva Encíclica. Con Cristo nuestra vida tiene sentido, nuestro futuro se hace seguro, nuestra meta será una realidad. Cristo vino al mundo para indicarnos el verdadero camino del cielo, estamos de paso y somos peregrinos, y precisamente Navidad es la oportunidad para recibir a Dios, y por lo tanto, la esperanza que tanto nuestro corazón anhela. Solo con Dios hay esperanza y sin Dios no puede haber esperanza.

Esta esperanza y esta experiencia de Dios le llevó a este papá hacer una elección en su vida, difícil, comprometedora, pero al fin y al cabo llena de fe y de confianza en Dios.

Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una iglesia de la comunidad. Después que cantaron los himnos, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia ya entrado en años.

Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el púlpito y comenzó a contar esta historia: “Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban  navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación y las aguas del océano arrastraron a los tres”.

Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez, desde que comenzó la plática, estaban mostrando interés; y siguió narrando:

“El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse.  

El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas.”

Miró en dirección a su hijo y le gritó: “¡TE QUIERO, HIJO MIO!” y le tiró la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomó al amigo jalar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche.  Jamás lograron encontrar su cuerpo.

Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención,  atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.

“El padre -continuó el anciano- sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios.  Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!”

Dicho esto, el anciano volvió a sentarse y hubo un tenso silencio. Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano.  Uno de ellos le dijo cortésmente:

“Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo  creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo”.

“Tienes toda la razón”, le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso y sonreía. Miró fijamente a los dos jóvenes  y les dijo:

“Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí.  A mi también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese hijo era yo”.

No he sido creado para mis jeans, no he sido creado para una semana en Cancún; he sido creado para una eternidad al lado de Dios…, y si esto no es cierto, somos los hombres más desdichados del mundo, porque este mundo con todo lo maravilloso que posee, se vuelve cruel e injusto sin el amor y la presencia de Dios.

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50. MADRE Y MAESTRA, UNA MADRE IDEAL. Sembrando Esperanza II

Posted by on Jun 6, 2016 in Sembrando Esperanza

Madre pollitos50. MADRE Y MAESTRA, UNA MADRE IDEAL. Sembrando Esperanza II

En el día de las Madres el mundo se viste de fiesta. Hoy las flores han embellecido de vida el paisaje, los pájaros se levantaron a primera hora a cantar las mañanitas, el sol ha despertado radiante e imponente bañando con su luz y energía cada rincón de nuestro mundo, ¿qué decir del viento y la brisa matutina que han bañado el rostro gracioso y fino de cada una de las mamás? Efectivamente, hoy se unen las flores, el sol, el viento y la voz de cada hijo que con el corazón decimos FELIZ DÍA MAMÁ.
Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.
Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.
Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar, y también al conjunto de la vida social, las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.
Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad, enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.
He buscado a la madre ideal, busqué y busqué y al final la encontré, estaba en mi casa; todo lo que siempre necesité saber, lo aprendí de mi madre, cómo olvidarla en este día:
Mi madre me enseñó a APRECIAR UN TRABAJO BIEN HECHO: “Si se van a matar, háganlo afuera, acabo de terminar de limpiar”.
Mi madre me enseñó RELIGIÓN: “Reza para que esta mancha salga de la alfombra”.
Mi madre me enseñó RAZONAMIENTO: “Porque yo lo digo, por eso… y punto!!!!”
Mi madre me enseñó PREVISIÓN: “Asegúrate que llevas ropa interior limpia, por si tienes un accidente”.
Mi madre me enseñó IRONÍA: “Tú sigue llorando, verás cómo te doy una razón para que llores de verdad”.
Mi madre me enseñó a ser AHORRATIVO: “Guárdate las lágrimas para cuando yo me muera!!!”
Mi madre me enseñó ÓSMOSIS: “Cierra la boca y come!!!!!”
Mi madre me enseñó CONTORSIONISMO: “¡Mira la suciedad que tienes en la nuca, vuélvete!”
Mi madre me enseñó FUERZA Y VOLUNTAD: “Te vas a quedar sentado hasta que te comas todo”.
Mi madre me enseñó METEOROLOGÍA: “Parece que ha pasado un huracán por tu cuarto”.
Mi madre me enseñó VERACIDAD: “¡¡Te he dicho un millón de veces que no seas exagerado!!”
Mi madre me enseñó MODIFICACIÓN DE PATRONES DEL COMPORTAMIENTO: “Deja de actuar como tu padre!!!!!”
Mi madre me enseñó habilidades como VENTRILOQUÍA: “No me rezongues, cállate y contéstame: ¿por qué lo hiciste?”
Mi madre me enseñó LENGUAJE ENCRIPTADO: “No me, no me… que te, que te…”.
Mi madre me enseñó técnicas de ODONTOLOGÍA: “Me vuelves a contestar y te estampo los dientes contra la pared!!!”
Mi madre me enseñó GEOGRAFÍA DE MÉXICO: “¡Como sigan así voy a mandar a uno a Monterrey y al otro al D.F. !”
Mi madre me enseñó BIOLOGÍA: “¡Tienes menos cerebro que un mosquito!”
Mi madre me enseñó LÓGICA: “Mamá, ¿qué hay de comer? ¡COMIDA!”
Mi madre me enseñó RECTITUD: “Te voy a enderezar de un sape!!!”
¡¡¡¡GRACIAS MAMÁ!!!, POR SER TAN ESPECIAL Y CARIÑOSA

LA IMAGEN DE MAMÁ:
A los 4 años: “¡Mi mamá puede hacer cualquier cosa!”
A los 8 años: “¡Mi mamá sabe mucho! ¡Muchísimo!”
A los 12 años: “Mi mamá realmente no lo sabe todo….”.
A los 14 años: “Naturalmente, mi madre no tiene ni idea sobre esto”
A los 16 años: “¿Mi madre? ¡Pero qué sabrá ella!”
A los 18 años: “¿Esa vieja? ¡Pero si se crió con los dinosaurios!’”
A los 25 años: “Bueno, puede que mamá sepa algo del tema…”.
A los 35 años: “Antes de decidir, me gustaría saber la opinión de mamá”.
A los 45 años: “Seguro que mi madre me puede orientar”.
A los 55 años: “¿Qué hubiera hecho mi madre en mi lugar?”
A los 65 años: “¡Ojalá pudiera hablar de esto con mi mamá!’”
Madre solo hay una…..

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49. DE PROFESIÓN… MAMÁ. Sembrando Esperanza II.

Posted by on May 13, 2016 in Sembrando Esperanza

Madre con bebé  e hija
49. DE PROFESIÓN… MAMÁ

Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.
Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.
Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.
Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.
Hace unos meses atrás, cuando recogía a los niños del colegio, otra madre a la cual conocía bastante bien se me acercó. Estaba histérica y muy indignada. “¿Sabes lo que tú y yo somos?” me preguntó antes que yo pudiera darle una respuesta, que la verdad, no sabía cuál era.
Parece que ella recién venía de renovar su licencia de conducir en la oficina de tránsito. Cuando la oficial que tomaba los datos, le preguntó cuál era su ocupación, ella no supo qué responder. Al percatarse de esto, la oficial que tomaba los datos le dijo “A lo que me refiero es a si trabaja usted o ¿es simplemente una….?”
“¡Claro que tengo un trabajo, -le contestó-, soy una mamá!”. A lo que la oficial respondió: “No ponemos mamá como opción, vamos a ponerle ama de casa”, fue la respuesta enfática de la oficial. Había olvidado por completo esta historia hasta que un día a mí me pasó exactamente lo mismo, solo que esta vez, en la oficina del Ayuntamiento.
La funcionaria era obviamente una mujer de carrera, eficiente, de mucha postura y tenía un título muy despampanante que decía “Interrogadora Oficial”. “¿Cuál es su ocupación?”, me preguntó ella. ¿Qué me hizo contestarle esto? no lo sé, pero las palabras simplemente salieron de mi boca:
“Soy una Investigadora Asociada en el campo del Desarrollo Infantil y Relaciones Humanas.”
La funcionaria se detuvo, el bolígrafo quedó congelado en el aire y me miró como si no hubiese escuchado bien. Repetí el título lentamente, poniendo énfasis en las palabras más importantes.
Luego, observé asombrada cómo mi pomposo anuncio era escrito en tinta negra en el cuestionario oficial. “¿Me permite preguntarle?” -dijo la funcionaria con un aire de interés- “¿Qué es exactamente lo que hace usted en este campo de investigación?”
Con una voz muy calmada y pausada me escuché contestarle: “Tengo un programa continuo de investigación (¿qué madre no lo tiene?) en el laboratorio y en el campo (normalmente me hubiera referido a lo anterior como adentro y afuera). Estoy trabajando para mi maestría (la familia completa) y ya tengo cuatro créditos (todas mis hijas). Por supuesto que el trabajo es uno de los que mayor demanda tiene en el campo de humanidades (¿alguna madre está en desacuerdo?) y usualmente trabajo 14 horas diarias (en realidad son más, como 24). Pero el trabajo tiene muchos más retos que cualquier trabajo sencillo, y las remuneraciones, más que solamente económicas, están ligadas al área de la satisfacción personal”.
Se podía sentir una creciente nota de respeto en la voz de la funcionaria mientras completaba el formulario. Una vez terminado el proceso, se levantó de la silla y personalmente me acompañó a la puerta.
Al llegar a casa, emocionada por mi nueva carrera profesional, salieron a recibirme tres de mis asociadas al laboratorio, de 13, 7 y 3 años de edad. Arriba podía escuchar a nuestro nuevo modelo experimental en el programa de desarrollo infantil (de 6 meses de edad), probando un nuevo programa de patrón en vocalización. ¡Me sentí triunfante! ¡Le había ganado a la burocracia! Había entrado en los registros oficiales como una persona más distinguida e indispensable para la humanidad que solo “una madre más”.
La maternidad…, ¡Qué carrera más gloriosa, especialmente, cuando tiene un título en la puerta! FELÍZ DÍA MAMÁ.

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48. SE BUSCA PAPÁ IDEAL… RECOMPENSA A QUIEN LO ENCUENTRE. Sembrando Esperanza II

Posted by on Jan 27, 2016 in Sembrando Esperanza

Papá 2

Es natural que los bebés empiecen aprendiendo dos palabras, las dos son expresiones que reportan al niño seguridad y confianza. Todos indistintamente aprendimos a decir papá, mamá. Hoy precisamente festejamos a todos los papás, presentes y ausentes.
El ambiente reinante muchas veces aprovecha este tipo de fiestas o reconocimientos solo para un fin comercial, pero dejando de lado esta connotación banal, materialista y superficial, quisiera hacerme presente en este día, en la que nos viene a la mente esa figura siempre actual y presente del hombre de la casa, “del papá”. Cómo recuerdo con cariño los momentos que conviví en mi niñez y primera adolescencia con mi padre. Lo recuerdo cercano, exigente, educador y siempre dispuesto a ayudarme.
Cómo quisiera hoy unirme a todos sus sentimientos paternales y poder juntos dar gracias a Dios por este encargo tan maravilloso, por esta confianza que Dios les ha dado, y ser instrumentos vivos para educar, formar y enseñar a sus hijos el arte de vivir, de modelar la figura de Jesús, y así encausar y guiar el alma de sus hijos para que lleguen al cielo.
Recibe hoy, papá este mensaje. Cómo quisiera que fuese lo que tu hijo piensa de ti.
Papá: La imagen de tu presencia está siempre detrás de mis ojos. En todos los acontecimientos importantes, en todas las decisiones definitivas, en todas las enfermedades, tristezas y golpes de la vida. Siempre como el eje, el aguantador, el responsable.
Mi padre es el control de mis fronteras cuando salgo con mis amigos. Es como las leyes que pregona en la casa y me vienen a la mente en el momento en que más las necesito. Es la solución de lo que a mí me parece un imposible. Es el modelo que yo critico por fuera y admito por dentro. Es el control que a veces lo echo en cara, porque me creo todo un hombre… y luego la vida me demuestra que lo necesito.
Es ese modelo fuerte, seco, sabio, conocedor, que habla sin titubeos y me descubre lo que yo mismo no me atrevo a confesar. Es ese hombre simpático y bromista que le quita a la vida ese sello seco y aburrido que tanto detesto.
Es el padre que siempre tiene tiempo para mí y todo lo que me es importante le interesa.
Es como la voz de mando y, sin embargo, nunca contradice a mi madre cuando ella decide algo.
Es el padre que conoce los peligros antes que yo, y me alerta, me previene, me pone en guardia.
Es el padre que lee en mis ojos lo que yo quiero ocultar y adivina de mi corazón lo que no quiero mostrar a nadie; y así, me va enseñando a crecer poco a poco.
Cuando triunfo, no deja que me envanezca, lo mide por lo que me ha costado conseguirlo, y por la ayuda que he recibido de Dios.
Cuando fracaso, no me hiere, recrimina, ni me acusa. Me muestra el rayito de luz para seguir y el huequito que siempre deja Dios para reconstruirme sin quedar más cicatrices que las del amor.
Jamás me abandona a mi suerte, pero tampoco quita todo radio de acción para que pueda realizarme solo.
Siempre está sobre aviso, para llegar a tiempo.
No me amarra las alas: me enseña a volar.
No me disfraza los peligros: me da el alerta para protegerme.
No me mueve los pies: ¡me enseña a caminar!
No me construye el edificio: me pone los cimientos.
No me educa a lo antiguo, ni me deja hundir en lo moderno.
No me impide divertirme, pero me hace entender los niveles, los muros, la fuerza que llevo dentro para cuando sea necesario oponerme.
Se puede no aceptarlo a pie juntillas, pero siempre busca la forma de que nuestras vidas encajen.
Es un hombre de cubierta dura, pero con una húmeda ternura que la ablanda.
Un hombre que parece inflexible, tenaz, indoblegable, pero puerta adentro, tiene incrustado el oro en el corazón y pinceladas de cielo en las ilusiones.
Tiene el tronco recio, pero con una pulpa dulce. La corteza gruesa, pero aterciopelada por debajo.
La cáscara seca, pero derretida la semilla. La voluntad de acero, la vista de águila, ¡y el corazón de niño!
Mi padre es un hombre bueno. Hace bien sin que lo beneficien. Todo lo que me da es con alegría y lo que pone en mi bolsillo pasa como por arte de magia a prenderse en mi corazón.
Leemos en su ejemplo, y su trabajar para nosotros, el mejor libro que puede brindar la biblioteca de la vida.
Quiere darnos una niñez feliz, una adolescencia protegida, una madre respetada y un hogar con orden y dignidad.
No le pesa la carga… más bien parece que Dios se la confió como un “honor”.
Mi padre es ese que experimentó lo que yo quiero conocer, y me sirve de maestro. Es ese que moldeó su vida y me sirve de ejemplo.
Es ese que está vinculado a mi vida con un lazo que nadie puede romper.
Lo trato como a un ser “único”, un ser dispuesto, vigilante, ayudador, amoroso, que nos quiere y nos cuida.
Lo trato con todo lo humano, lo divino, lo sensible, lo hondo y lo enaltecedor que es tener un padre así.
¡Lo trato como un hijo de Dios! GRACIAS PAPÁ, POR SER QUIEN ERES….GRACIAS PAPÁ POR SER REFLEJO DE DIOS PADRE… GRACIAS POR SEL EL PAPÁ IDEAL.
Por lo tanto, papá manos a la obra, aquí tienes un estupendo programa de vida, una idea muy clara de tu vocación y de tu misión, de lo que Dios y tus hijos esperan de ti. Buscamos al padre ideal, quien lo encuentra se ha ganado la lotería. Estoy seguro que no los defraudarás.

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47. EL SIGNIFICADO DE SER PADRE. Sembrando Esperanza II.

Posted by on Oct 25, 2015 in Sembrando Esperanza

47. EL SIGNIFICADO DE SER PADRE.Foto papá 2

El “buen padre”, imagen ampliamente difundida por las sociedades de consumo, es la de “proveedor”: aquel que satisface todas las necesidades materiales del hogar. Para “que no les falte nada a los hijos” trabaja jornadas dobles y aún los fines de semana. El padre no logra satisfacer las necesidades presentes, cuando ya le han sido creadas otras. Así se desgasta febrilmente, sin darse un respiro para disfrutar lo importante: la experiencia única de ver crecer a los hijos, de acompañarlos y enseñarles con su propia vida el buen camino.
Los padres que han logrado vencer las tradicionales expectativas de ser meros proveedores, comparten el gozo en la formación y crecimiento de los hijos y hablan de “una nueva dimensión en la convivencia familiar”, van juntos al cine, a tomarse un café, al estadio, al campo, siguen de cerca sus estudios, sus amigos, el deporte de su hijo, en definitiva, es una convivencia “bien padre”. Que esa frase tan repetida por nosotros los hijos, se siga repitiendo en los corazones de cada hijo “QUIERO SER COMO TÚ, PAPI”, pero que esta expresión de imitación sea para bien y no para mal, como la siguiente historia, que espero les sirva a todos los papás para reflexionar sobre su misión.
Mi hijo nació hace pocos días, llegó a este mundo de una manera normal, pero yo tenía que viajar, tenía muchos compromisos. Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, comenzó a hablar cuando yo no estaba. ¡Cómo creció mi hijo de rápido, cómo pasa el tiempo!
Mi hijo, a medida que crecía, me decía: ¡Papi, algún día seré como Tú! ¿Cuándo regresas a casa Papi?. -No lo sé hijo, pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás…
Mi hijo cumplió 10 años hace pocos días y me dijo: Gracias papi por la pelota, ¿quieres jugar conmigo? -Hoy no hijito, tengo mucho qué hacer. -Está bien papi otro día será, te quiero mucho papi. (Se fue sonriendo, y siempre en sus labios tenía la palabra “YO QUIERO SER COMO TÚ PAPI”).
¿Cuándo regresas a casa Papi? -No lo sé hijo, pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás.
El tiempo pasó sin darme cuenta y mi hijo ingresó a la universidad, era todo un hombre.
-Hijito estoy orgulloso de ti, siéntate y hablemos un poco de Ti. -Hoy no papi, tengo compromisos, por favor dame algo de dinero para visitar algunos amigos.
Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamo y le digo: -Hola hijo, quiero verte. -Me encantaría Padre, pero es que no tengo tiempo. Tú sabes, mi trabajo, los niños. Pero gracias por llamarme, fue hermoso oír tu voz.
Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo “ERA COMO YO”.
A pesar de los iracundos reproches de quienes pretenden perpetuar el tabú inmemorial de que cuando el padre se involucra emocionalmente con el hijo se torna “suave como una segunda madre”, y que si participa en el cuidado y atención del hijo se convierte en simple “mandilón”; cada día son más los padres presentes en el quirófano en el momento del nacimiento de sus hijos, en los cursos prenatales y de posparto para capacitarse en el cuidado del bebé, aunque no sea tan de su agrado estar cambiando pañales…
Se necesitan dos para engendrar un hijo. También se necesitan dos para su desarrollo. La intuición femenina permite a la madre establecer una comunicación vital con el hijo desde el momento mismo de su nacimiento. Interpreta las señales de temor en el infante y con mimos lo tranquiliza y conduce suavemente.
La voz del padre es de importancia suma: da seguridad, confianza en el porvenir, establece los límites de la conducta infantil y cierra el círculo del amor que debe rodear al niño. El padre proporciona un elemento único y esencial en la crianza del hijo y su influencia es poderosa en la salud emocional. La madre le dice: “con cuidado”, y el padre le dice “uno más”, al estimular al pequeño a subir otro peldaño para que llegue a la cima. Juntos, tomados de la mano, padre y madre, guían al retoño en el camino de la vida.
El padre de hoy se abre a las necesidades más sutiles del hijo: las emocionales y las psíquicas. Trasciende la preocupación de sí mismo y sus ocupaciones, y logra ver al hijo en sus propios términos. Propicia el ambiente que le permita el desarrollo de su potencial en un marco de libertad responsable, no de dominación.
No se detiene en la periferia, sino que conoce al hijo de cerca. Lo guía sin agresividad, con firmeza motivada y razonada por el camino de los valores que desea heredarle, lo proyecta a una vida de metas y proyectos firmes. El padre de hoy se ha dado permiso para ver con ojos de amor al retoño de sus entrañas. Advierte en el hijo, más allá de las limitaciones presentes, el cúmulo de posibilidades que está por realizar. Y a su lado goza cada peldaño de su desarrollo, ¿qué más privilegio que éste? Por eso hoy nos unimos y felicitamos a todos los papás que conscientes de su misión, la realizan en su totalidad. A ellos, muchas felicidades.

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46. CUANDO DIOS CREÓ A LOS PADRES. Sembrando Esperanza II.

Posted by on Oct 18, 2015 in Sembrando Esperanza

Papá 2
46. CUANDO DIOS CREÓ A LOS PADRES

Así como la madre, el padre también tiene su día para festejarlo, agradecerle y cantarle sus mañanitas… ¿Qué le vamos agradecer hoy a nuestros papás?, tantas fatigas, días y días de trabajo agotador para poder llevar el pan a la casa, pagar la escuela, la luz, dejar la tarjeta abierta para la esposa, etc.; tantas cosas que los hijos hoy agradecemos a nuestros papás.
En este día nuestra mirada se dirige a ellos, animándoles a no cansarse de realizar su Misión, a no perder de vista lo esencial, a dar un tiempo de calidad a cada uno de sus hijos y a sentirse siempre instrumentos de Dios para guiar a toda la familia hacia el cielo.
¿Qué habrá pensado Dios cuando creó a los papás?, un gran misterio, pero me imagino que el primer pensamiento fue: “será imagen mía”… vaya qué responsabilidad, no de Dios, sino de los papás…
Cuando Dios creó a los padres, comenzó con una talla grande. Un ángel se le acercó y le dijo: “¿Qué clase de padre es ese? ¿Si estás haciendo niños tan cerca del suelo, por qué pones al padre tan arriba? No podrá jugar canicas sin arrodillarse, arropar a un niño en cama sin torcerse la espalda o besar a un niño sin encorvarse”.
Dios sonrió y dijo: “Sí, pero si le hago del tamaño de un niño, ¿Cuál sería el modelo a seguir?, ¿como quién crecería?”
Y cuando Dios hizo las manos del Padre, éstas eran grandes. El ángel agitó su cabeza y dijo: “Las manos grandes no pueden sujetar un pañal, abrochar botones pequeños, poner un curita, o quitar astillas a causa de jugar con un bate de béisbol”.
De nuevo Dios sonrió y dijo: “Lo sé, pero son lo suficientemente grandes para sostener todo lo que un muchacho pequeño vacía de sus bolsillos, y todavía bastante pequeñas para acariciar la cara de un niño con una sola de ellas”.
Entonces Dios amoldó piernas largas, delgadas y hombros anchos. “¿Te has dado cuenta que hiciste un padre sin regazo?” El ángel lo dijo susurrando.
Dios dijo: “Una madre requiere un regazo. Un Padre necesita hombros fuertes para tirar un trineo, balancear a un muchacho en una bicicleta, o sostener una cabeza soñolienta de un pequeño como un gran malabarista”.
Cuando Dios estaba en el medio de la creación se mostraron los pies más grandes vistos hasta entonces, el ángel no pudo contenerse más: “Esto no es confiable. ¿Honestamente crees que esos pies van a llegar rápido a la cama del bebé cuando llore en las mañanas, o andar a través de una fiesta de cumpleaños sin pisar a los huéspedes?”
Y Dios dijo: “Trabajarán. Ya lo verás. Soportarán y tendrán la fuerza para pedalear con un niño pequeño un paseo en bicicleta por la montaña o asustarán ratones en una cabaña de verano, y mostrarán al pequeño el desafió de llenar esos zapatos”.
Dios trabajó todo la noche, dio al padre pocas palabras, pero una voz firme para mostrar autoridad; ojos que ven todo, pero con calma y tolerancia.
Finalmente, agregó lágrimas. Entonces volvió al ángel y le dijo: “¿Ahora estás satisfecho? ¡Puede amar intensamente como lo hace una madre!”
El ángel no dijo más.
Todo hijo, quiere ver en su papá a la persona perfecta, emprendedora, dedicada, honrada, que da protección y seguridad al hogar. Qué satisfacción para un hijo ver en su papá esta figura; por eso papá, mucho ánimo y a seguir con renovado esfuerzo y cariño en esta misión; tienes a Dios quien te ha creado y te ha confiado lo más grande: las almas de tu esposa e hijos. Cuídalas como un gran tesoro y jamás permitas que se pierdan… FELÍZ DÍA DEL PADRE…

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45. DIEZ CONSEJOS PARA LA AMISTAD ENTRE HERMANOS. Sembrando Esperanza II.

Posted by on Oct 5, 2015 in Sembrando Esperanza

Hermanos en cama

45. DIEZ CONSEJOS PARA LA AMISTAD ENTRE HERMANOS

Eran dos hermanos que se llevaban 2 años de diferencia, Juan de 9 y Pedro de 7, a ellos les encantaba patinar en el invierno en la laguna congelada cerca de casa. Pedro, al ser el menor, tenía gran cariño y respeto por su hermano mayor, y Juan siempre estaba al pendiente de Pedrito, realmente se querían.
Era una tarde nublada y fría, ellos jugaban sin preocupación. Cuando de pronto, el hielo se reventó y Juan cayó al agua. Pedro, viendo que Juan se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su hermano mayor. Fue toda una proeza…
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, ¡es imposible que lo haya podido quebrar con esa piedra y sus manos tan pequeñas!
En ese instante apareció un anciano y dijo: “Yo sé cómo lo hizo”… -“¿Cómo?”. Le preguntaron al anciano, y él contestó: -“no tenía nadie a su lado que le dijera que no podía salvar a su hermano”.
¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos! (Salmo 33,1-2)
Son hermanos quienes han comido mucha sal juntos, porque la sal se toma poco a poco. Si vas a vivir muchos años con tu hermano, conviene que sea tu mejor amigo. “Un amigo auténtico es un gran tesoro, digno de todos los cuidados, nos aconseja en las dificultades y nos corrige en nuestros errores, lloramos juntos las tristezas, y cuando nos enfermamos vela junto a la cama consolándonos con dulces palabras. Un amigo es otro yo y la amistad es fuente de gozos y alegrías”.
¿Por qué amamos más a los de fuera que a los de dentro? Ama a tu hermano. Si no tienes nada bueno que decirle, mejor cállate.
No imites lo malo, sino lo bueno de tu hermano.
Amar a tu hermano no es un sentimiento, es una decisión de servicialidad, de bondad, de paciencia. La amistad fraterna es una actitud de la vida práctica que se manifiesta en las relaciones habituales.
Hazle lo que quieras que te haga: cuéntale las cosas buenas que alguien ha dicho de él, hazle favores y concédeselos antes de que termine de pedírtelos. Olvida sus ofensas y sonríele siempre, con ganas o sin ganas. No contradigas, por sistema, todo lo que dice. Nunca le grites, si debes corregirle hazlo de modo que note que te duele hacerlo.
Tu hermano es sangre de tu sangre. Si la amistad une, la sangre hace de dos uno solo.
Un hermano ayuda a sacar soluciones a los problemas y no a sacar problemas a las soluciones.
Quien dice amar a sus padres y no ama a su hermano es un mentiroso. Quien ama a sus padres ama también a quienes sus padres aman. Amar es la necesidad fundamental del hombre. El amor fraternal es una fuerza inquebrantable.
Ayuda a tu hermano cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesita.
Si necesitas crecer en amistad con tu hermano recuerda que la vida cambia, si cambia la fuente de donde brota. Y que el trabajo que nunca se empieza es el que más tarda en terminarse. Obras son amores y no buenas razones.
Los padres tienen una responsabilidad enorme en esta tarea. Desde que los niños son pequeños, buscan darles lo mejor y lograr que cada uno se sienta igual de amado que los otros. Este esfuerzo es un primer paso muy importante, pero hay que ir más allá: hay que conseguir que cada hijo aprecie, respete y ame a sus hermanos. Viva con la tolerancia necesaria, para construir un ambiente de armonía en medio de la diversidad y las diferencias…
Desde el amor, los padres pueden ayudar mucho a que entre los hijos se promueva un clima de respeto. Es lícito que cada uno tenga su pequeño espacio de autonomía (donde las dimensiones de la casa lo permitan…). Pero es más importante educar a cada hijo a no encerrarse en su pequeño mundo y a abrirse a sus hermanos con el mismo cariño, o incluso superior, con el que se abren y tratan con sus amigos de escuela o de barrio. Así nuestro hogar respirará un ambiente de armonía, serenidad y auténtico amor.

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44. CUANDO ERES CANDIL DE LA CALLE, Y DE LA CASA, Sembrando Esperanza II

Posted by on Sep 15, 2015 in Sembrando Esperanza

Beso tremendo
44. CUANDO ERES CANDIL DE LA CALLE, Y DE LA CASA…

Cada día se nos abre un gran desafío: mantener nuestra familia unida en armonía y en caridad, y esto nos toca a todos; es un patrimonio que todos tenemos que cuidar. Es un hecho que no siempre ponemos al servicio del ámbito familiar nuestros dones y cualidades; por el contrario, muchas veces nos encerramos en la concha de nuestro egoísmo. ¿Cuántas veces nos han dicho “eres candil de la calle y oscuridad de la casa”?, acto seguido viene el sermón del siglo.
Hoy tenemos la oportunidad de reflexionar y comenzar a marcar la diferencia dentro de casa.
Hubo en una carpintería una extraña asamblea de herramientas en donde el martillo fue notificado que debía renunciar. ¿La causa? era demasiado ruidoso y se pasaba todo el día golpeando y golpeando. ¿Quién no tiene en casa un martillo, perdón, un hermano martillo?
El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado también el tornillo, pues era terco y había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Yo me acuerdo que a un amigo mío, por cariño, le decían en casa “el tornillo”, ¿por qué habrá sido?, hoy después de tantos años lo descubrí.
El tornillo aceptó de mala gana su retiro, pero dijo que la lija también debería salir, pues era áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás; efectivamente, esta es la hermana soberbia que no deja de ser hiriente ni deja de raspar.
La lija estuvo de acuerdo, pero con la condición de que también destituyeran al metro, pues era un prepotente que se pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto. Bueno, ahora me toca a mí, aquellos que no dejamos de medir y estamos calculando cada palabra y cada acción de los demás.
En eso llegó el carpintero, que sin fijarse en la rudeza del martillo, ni lo duro que era darle vueltas al tornillo, ni la aspereza de la lija, ni la prepotencia del metro, los utilizó alternativamente hasta convertir un trozo de madera en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó sus deliberaciones y el serrucho dijo: Señores, ha quedado demostrado que a pesar de nuestros defectos, el carpintero sólo tomó lo mejor de cada uno de nosotros al usar la fuerza del martillo, la solidez del tornillo, la suavidad con que la lija deja la madera y la precisión y exactitud del metro, pudiendo, así, crear con ellos ese precioso mueble.
La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a fijarnos primero en lo negativo que en lo positivo; en lo que falta, en lugar de reconocer lo que tenemos; en lo que falla, en vez de notar lo que funciona; en las desventajas, en lugar de las ventajas; en las malas noticias, en vez de las buenas y reconfortantes; en la enfermedad, en lugar de apreciar y valorar la salud…; terminamos haciendo juicios rígidos e inflexibles.
Nuestros miedos y prejuicios nos mueven a encontrar en cada situación casi siempre lo peor, lo más desagradable, sin atenuantes; más aun, nos llevan a ponderarlos y a recrearnos en ellos, pareciera que fuimos programados para buscar el aspecto negativo de casi todo, inclusive miramos las situaciones buenas y favorables con recelo y pensamos en frases como: “De tan bueno no dan tanto”, o “quién sabe que habrá detrás”, o “después de la calma viene la tempestad”.
Nada sucede por casualidad, y todo lo que sucede es para bien, cada experiencia trae su lección y cada situación de gozo o dolor es una oportunidad para aprender y crecer aunque en el momento no podamos reconocerlo.
Es el momento de iluminar nuestra vida, de cambiar nuestra visión acerca de la vida, para que podamos estar abiertos y atentos a reconocer las oportunidades y los regalos imprevistos que cualquier acontecimiento traiga consigo. ¡Aprendamos a encontrar siempre lo positivo y lo constructivo presente en cada situación!, especialmente en nuestra cotidiana convivencia familiar. Una crisis puede hacernos despertar y darnos el empuje necesario para cambiar nuestro estilo de vida, para tomar una decisión importante y hacer lo que tengamos que hacer, para mantener unida a la familia, sólo así nos sentiremos bien.
Decía un gran maestro: “Para encontrar la vida, a veces, hay que perderla”.
Rescata lo positivo, no permitas que una situación difícil te haga perder la capacidad de reconocer todo lo positivo que también tienes y que hay en tu entorno, pues siempre será una magnífica oportunidad para aprender, crecer, madurar y transformarnos.
Supera tus momentos difíciles, encuentra lo positivo de ellos y sal rápidamente de las crisis; si caíste, levántate, sacude el polvo de tus rodillas y cura tus heridas, no te detengas en lo negativo, sino en la certeza de que podrás superar exitosamente ésta y cualquier otra prueba que se presente.
Revisa tu vida y recuerda las cosas buenas, esto te ayudará a confiar en ti mismo, a reconocer las cualidades, la experiencia y las herramientas que tienes para superar cualquier situación con éxito por más difícil que ésta sea. ¡Todo pasa y siempre puedes volver a comenzar!
Fortalece la Fe, para que tengas la certeza de no estar solo, pues la Presencia de Dios siempre te acompaña, en cualquier situación, ante cualquier obstáculo, acercando a ti las herramientas y las señales que te permitan superar la dificultad y recuperar tu balance.
“Cuando el dolor nos toca, podemos ajustar la perspectiva, entender la vida y fortalecernos para aumentar nuestra capacidad de amar y de enfrentar el día a día”.

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