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Historias y anécdotas

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El águila quiso un día comparar su vuelo con el de un pajarito: abrió sus grandes alas y empezó a cruzar d espacio inmenso. Subió, subió, se elevó por encima de las montañas nevadas, atravesó las nubes, y cada vez se avecinaba más al sol.   En aquella altura, a la que el pajarito no hubiera podido llegar,

Cuando Alcide de Gasperi vivía en Roma solía preparar con la mujer el belén para la navidad con particular devoción. De entre las ovejitas se escogieron dos a las cuales se ponían los nombres de las dos hijas, María Romana y Lucía: cada día de la novena de navidad, las niñas debían hacer un ramillete al

Una esposa paciente y abnegada invitó a su esposo, muy dado a beber, a que fuera a oír un sermón durante la misión. Y por lo menos había de ir a ver el hermoso cuadro del corazón de Jesús que tanto llamaba la atención de todos. El hombre, movido por la curiosidad, fue a ver el

Un frívolo estudiante recibió de un buen amigo un ejemplar de la sagrada Escritura. Al principio quiso tirarlo, pero después iba aprovechando sus hojas para liar sus cigarril1os. Pensaba en broma: «Haré que la palabra de Dios se disipe en humo.» Y así la iba quemando hoja tras hoja.     El evangelio de san Mateo, el de san

En la Basílica de la Navidad, mandada a construir por Santa Elena en el 326, sobre la gruta de Belén, se cuida la cuna de plata en la cual la Virgen puso a Jesús recién nacido. Tal cuna era formada en realidad de madera como habla el Evangelio, revestido de plata. A esta se refería San

Cierta mujer muy dada al vicio de la maledicencia pregun­tó a san Felipe Neri qué debía hacer para extirpar su mal hábito. El santo le contestó: - Ve al mercado y compra un pollo muerto, sin desplumar; después recorre las calles de la ciudad desplumando el pollo y, cuando hayas terminado, ven acá y te diré lo que

En un árbol muy alto hay preciosos frutos. No puede un niño alcanzarlos; mas viene el padre y lo levanta, y así el niño alcanza el fruto. Fruto riquísimo es la gloria; mas no podemos alcanzarlo nosotros con nuestras fuerzas; así que Dios nos levanta y de este modo lo alcanzamos por medio de la gracia.  

A una casa religiosa ha llegado como huésped un misionero famoso. Está contando las aventuras de las misiones. Entre los oyentes se halla un padre que ha declarado guerra a la muerte contra la murmuración: además, éste tiene la enfermedad del sueño, que le tienta continuamente. Dando cabezazos, va siguiendo la conversación cuando el misionero está

Vivía en Francia un hombre de noble alcurnia, rico he instruido. Durante largo tiempo había sido diputado en el Parlamento y prefecto de una de las provincias; pobres y ricos le respetaban. Un día corrió una noticia inesperada; este señor, hastiado de la gloria del mundo y de las pompas huma­nas, había entrado en una de