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Historias y anécdotas

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Cromacio gobernador de Roma en los tiempos del emperador Diocleciano, cayó enfermo y recurrió a san Sebastián, que hacía milagros, para que le curase. San Sebastián le aseguro la curación, pero a condición de que creyese en Jesucristo e hiciera pedazos los ídolos que tenía en su casa. - Lo haré-, respondió Cromacio. Pero los dolores seguían. Entonces

En cierta ocasión, un muchacho le preguntó a su maestro qué era el pecado y qué efecto dejaba en el alma. El sabio maestro le dijo que cogiera una tabla y que cada vez que cometiese un pecado clavase un clavo en la tabla y por cada acción buena que realizase, sacara uno. Cuando ya no

Cuentan que una niña pequeña, que tenía muy mal genio, colgó una rabieta tal que le arrancó el pelo a su niñera y le escupió en la cara. Su mamá, que era bastante blanda con la niña, en lugar de castigarla, le dijo que era el demonio quien había hecho todo eso. A lo que la

Era el primero y único hijo de una piadosa señora. Antes de nada lo había consagrado al sagrado corazón de Jesús. Fue creciendo, y como tantas veces había oído decir a su madre que era el hijo del sagrado Corazón, él no se daba más que este nombre. Cuando se le preguntaba cómo se llamaba, respondía:

Hubo un artista que quiso traducir en un cuadro las palabras del evangelio: «He aquí que estoy a la puerta y llamo.» En él se ve a Cristo con la mano levantada en disposición de llamar.   El hijo del pintor mira el cuadro y dice: — Papá, hay un defecto en el cuadro. — ¿Por qué? —pregunta el padre. —

Remaud, senador francés, alquiló para un mes un cuarto en un hotel de Francia y pagó por adelantado. ciento cincuenta francos. El hotelero le preguntó si quería recibo. — No es necesario —contestó el senador—; basta que lo haya visto Dios. — Pero ¿cree usted en Dios? —preguntó el hotelero. — Naturalmente. Y usted también, ¿verdad? — No, señor; yo

El célebre conquistador Alejandro Magno (muerto el 323 aC.), durante una guerra, llegó a Gordion, ciudad de la Fri­gia, en cuya acrópolis se hallaba el carro de Gordios con el famoso nudo de su nombre. Un antiguo oráculo prometía el imperio de Asia a quien lo deshiciera. Después de muchas tentativas infructuosas, Alejandro logró soltarlo. ¿Cómo?

La victoria de Giuditta - La resurrección de Nuestro Señor es también señal de la derrota de Satanás, quien perdió todo que había amasado en miles de años de usurpación y de engaño después del pecado original. En este sentido algunos padres de la Iglesia han comparado la derrota del demonio con el homicidio de Oloferne