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Historias y anécdotas

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Los antiguos astrólogos árabes, sin telescopios, descu­brie­ron el curso de los astros; los pintores chinos supieron dar vida con admirable fidelidad en sus cuadros a todos los movimientos del ala del pájaro que vuela. Tenían un finísimo espíritu de observación. ¿Cuántos fueron los que antes de Newton vieron caer una manzana del árbol? Y él fue

Galileo descubrió la ley del péndulo de esta manera: En la cúpula de la Catedral de Pisa puso el sacristán aceite en la lámpara del sagrario, suspendida del elevadísimo techo con una cuerda. ¡Cuántas veces se había repetido este acto al correr de los siglos y cuántos hombres no lo habrían visto! Y no obstante, fue

-Señor Dios -repetía un monje ante la gran estatua del templo- yo por tu amor soy capaz de cualquier cosa. ¿Qué quieres que haga por ti, Señor?. Un día al monje le 'pareció' que la estatua le contestaba: - Quiero que cruces el mercado mayor de la ciudad, cargando en tu cabeza un cántaro lleno de aceite hasta

El bendito san Francisco de Sales, que gustaba, para su vida espiritual, de hacer uso de una historia natural ingenua, hablando del hombre en sus relaciones con la gracia se acordaba de los vencejos. Vosotros habéis visto esos pájaros negros que al comenzar el estío rubrican con sus alas rapidísimas el firmamento y vuelan incansables alrededor de

Un viejo rabí invita a sus discípulos a explicar en que modo se pueda distinguir el momento exacto en la cual termina la noche y comienza el día. ¿Cuándo se levanta el sol? No. ¿Cuándo se puede ver de lejos si un animal es oveja o perro? No. ¿Cuándo se puede determinar si un árbol es

Lo es Alex Chang, oriundo de Formosa. A sus nueve años es el mejor jugador de su edad en los Estados Unidos. Sus padres nunca habían jugado al ajedrez, ni tenían la menor idea de que su hijo fuera un prodigio en potencia. Sólo habían notado su gran habilidad para la ortografía. La Sra. Chang compró

El águila quiso un día comparar su vuelo con el de un pajarito: abrió sus grandes alas y empezó a cruzar d espacio inmenso. Subió, subió, se elevó por encima de las montañas nevadas, atravesó las nubes, y cada vez se avecinaba más al sol.   En aquella altura, a la que el pajarito no hubiera podido llegar,

Cuando Alcide de Gasperi vivía en Roma solía preparar con la mujer el belén para la navidad con particular devoción. De entre las ovejitas se escogieron dos a las cuales se ponían los nombres de las dos hijas, María Romana y Lucía: cada día de la novena de navidad, las niñas debían hacer un ramillete al