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Sembrando Esperanza

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ARCHIVO SECRETO, EL DIA QUE ME TENGA QUE PRESENTAR DELANTE DE DIOS 1° PARTE

Bien dice el refrán “el que nada debe nada teme”, siempre el tema de lo que vendrá después de la vida nos asusta y nos inquieta, precisamente por no saber con claridad lo que pasará.  Tantos pseudo-profetas han pronosticado el fin del mundo con su implacable prefiguración de terremotos y momentos de sufrimiento y dolor.  ¿Cuándo será?, nadie lo sabe, el mismo Jesús dijo que no sabemos ni el día ni la hora; pero sí sabemos que inmediatamente después de la muerte tiene lugar el juicio particular, donde cada alma recibe el premio o castigo que sus obras merecen.

¿De qué se nos juzgará? Dios nuestro Señor nos juzgará sobre: las cosas buenas que hemos hecho, incluidos los buenos deseos; las cosas buenas que hemos hecho o hemos dejado de hacer (omisiones); las cosas malas que hayamos hecho, incluidos los malos pensamientos; y por último las consecuencias de nuestros actos.  Por eso el Señor nos invita siempre a hacer el bien en esta vida, a estar vigilantes y a cumplir en todo Su Voluntad.  Les comparto en tres partes estas reflexiones que espero nos ayuden a todos a reflexionar, sobre esta verdad eterna.

No me acuerdo muy bien cómo sucedió, entre medio dormido y medio despierto, de repente me vi dentro de una sala.  No existía nada de interesante en ella, solo una pared llena de cajones para tarjetas.  Aquellas tarjetas que existen en bibliotecas públicas, de archivo de libros, etc.  Ya te imaginarás, mi sorpresa, y ¿yo qué hago aquí?

Pero estos archivos, iban del piso hasta el techo, parecían no tener fin y tenían  títulos muy diferentes.  Cuando me acerqué a estos archivos, el primer título que me llamó la atención fue: “Amigos que conservé”.

Abrí y comencé a ver las tarjetas una a una, para luego cerrar el cajón, sorprendido en reconocer los nombres allí escritos.  Luego, sin necesitar que nadie me dijera, descubrí dónde estaba.  Esta sala sin vida, era, en realidad, el catálogo de mi vida.  Todo estaba allí…

Estaba todo organizado por mis hechos, todos mis momentos, grandes y pequeños, en detalles que mi mente no podía acompañar.  Una gran curiosidad y sorpresa, con un cierto temblor, me invadió mi interior al abrir cada cajón para mirar su contenido.

Algunos recuerdos me trajeron bellas alegrías, ¡ay aquellos momentos felices!  Otros, mucha vergüenza, pero tanta, que miré hacia atrás para ver si había alguien que pudiera verme.  El archivo titulado “Amigos” estaba al lado del archivo: “Amigos que traicioné”.

Los títulos iban desde las cosas más sencillas hasta las más complicadas: “Películas que vi”, “Libros que leí”; “Mentiras que conté”; “Consejos que di”; “Chistes de los cuales me reí”. Algunos ni podía creer, como: “Insultos que grité a mis hermanos”.

Otros no eran para nada graciosos: “Cosas que hice en mis momentos de rabia”, “Personas que insulté”, “Palabras duras  que dije contra mis propios padres a sus espaldas”.  Más me sorprendía con cada tarjeta que sacaba.  Algunos archivos tenían  más tarjetas de las que esperaba.

Yo estaba perplejo por la cantidad de cosas que hice durante mi corta vida y otras que debería haber hecho y no hice, muchas tarjetas hablaban de mis omisiones, ¿cuántas cosas dejé de hacer por descuido y pereza?  ¿Cómo pude haber tenido tiempo para escribir esa cantidad incontable de tarjetas, y una más exacta que otra?  Pero cada tarjeta confirmaba una verdad.  Cada una de ellas yo mismo la había escrito, de mi propio puño y en todas ellas estaba mi firma confirmando los hechos.

Encontré luego el archivo titulado  “Pensamientos sensuales”.  Sentí como un aire frío bajando por todo mi cuerpo.  Abrí el cajón solo 2 centímetros, pues me dio miedo ver su extensión y saqué 1 tarjeta.  Quedé paralizado con su contenido… ¡Qué vergüenza!

Me sentí muy mal en saber que esos pensamientos habían sido registrados.  Sentí mucha rabia de mi mismo.  Y pensé: “¡nadie debe saber de la existencia de estas tarjetas!, ¡nadie debe  de entrar en esta sala!, ¡necesito destruir todo esto!”

 

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