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Historias y anécdotas

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En la primera gue­rra mundial el ejército ruso sufrió un descala­bro horroroso junto al lago de Masurianos Hin­denburg, el generalísimo alemán, que conocía pal­mo a palmo toda la re­gión pantanosa hizo re­troceder sistemáticamen­te las tropas rusas ha­cia los lagos. A medida que fla­queaba el frente ruso y sus brigadas retroce­dían, los alemanes las perseguían con bravura.

Un filósofo se encontraba junto a la chimenea cuando una bambina llegó para pedirle brasas encendidas para la chimenea de una casa vecina. ¿Cómo puedes llevarla sin un recipiente? le preguntó el filósofo. La niña con sus manitas hizo una copa que llenó de cenizas. Meta ahora las brasas encendidas y no me quemaré. Debemos meter

Queriendo una niña hacer el examen de con­ciencia para la confesión general, cogió un libro de piedad, y todos los pecados que encontró en aquel libro los escri­bió en una hoja de papel. Fue al confesor y se los leyó todos, sin entenderlos siquiera. El confesor, al escuchar tan­ta iniquidad imposible en una niña. Le preguntó: -

Estábamos reposando al pie del monte cuando Jesús me preguntó que cosa se decía de Él. Mis amigos estaban confundi­dos, yo no, así que casi grité aquello que sentía dentro: "Tú eres El Cristo, el Hijo de Dios Vivo". Fue entonces que Jesús me dijo que desde aquél momento sería como una roca sobre la cual

Mi vida ha conocido episodios oscuros. He traicionado tres veces a Jesús y luego le abandoné en el momento de La Cruz. Puedo decir que me he rescatado. Ya cuando era viejo me encontraba en Roma con los Cristianos cuando tuve que huir para no ser capturado por Nerón. Precisamente escapaba por la Vía Appia cuando

Soy un pescador de lago, conozco bien mi oficio. Nací en Betsaida pero vivo en Cafarnaúm con mi familia. Tengo un hermano más joven que se llama Andrés. Un día vino y me dijo "¡Simón, Simón, hemos encontrado al Mesías, ven que te llevo con Él!". Lo seguí no muy convencido a ver por primera vez

  Los judíos sorprendieron a una mujer pecando y la lleva­ron al Señor, diciendo: - Maestro, esta mujer ha sido cogida en adulterio. Aho­ra bien: según la ley de Moisés, debe ser apedreada. Y Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en la tierra. Y como los judíos insistieran en preguntarle, les dijo Jesús: - El que de vosotros esté sin

En Viena, cuando iban a colocar el cadáver de un empera­dor en la cripta de los capuchinos, el maestro de ceremonias solía tocar con una vara en la puerta de hierro. De pronto se oía una voz que preguntaba: "¿Quién es?" La respuesta era: "Su majestad apostólica el empe­rador". "No le conozco", se replicaba. Nuevamente un to­que