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Historias y anécdotas

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En la fachada de la basílica de San Pablo de Roma hay un mosaico en cuya parte central se ve un cordero debajo del cual salen siete fuentes en que sacian su sed algunas ovejas. — ¿A quién representa el cordero? A Jesús, sacrificado en la cruz para salvarnos. ¿Y las fuentes? A los sacramentos, canales de

Es hermosísima esta leyenda oriental. Es la de una princesa, princesita triste de leyenda, que sueña felicidades extrañas asomada al ajimez de su castillo. De pronto entre las flores aparece su hada madrina y le dice: — La felicidad va a venir por estos caminos; si logras conocerla, ve tras ella y te dará la dicha que

Una actriz parisiense, Eva Lavalliere, conoció duf1ante varios años el éxito y la gloria. En medio del vértigo de sus fiestas y triunfos, comprendió lo que era Dios y su destino. Generosa, se entregó a Él. Quiso ingresar en el Carmen, pero no la aceptaron por razón. de su salud. Se alistó entre las enfermeras del Islam

En una cristiana aldea de Africa, algunos negros, con el fervor de los neófitos, habían buscado un lugar entre la maleza donde, a solas cada uno, poder entregarse tranquilamen­te a la oración. Uno de ellos descuidó con el tiempo la ora­ción; se echaba de ver en la senda que conducía a su escondri­jo en el matorral.

Iba San Ignacio, con sus primeros compañeros, camino de Barcelona. Iban, como de costumbre, a pie y con su hatillo a cuestas, cuando un buen hombre los vio, se apiadó de ellos y les pidió con mucha instancia que le dieran sus bultos, que él tenía buenas fuerzas y se los llevaría. Ellos rehusaban, pero, al

Nos empeñamos en ser felices gozando de las cosas de la tierra, mas la vida llena nuestros sueños de amargos desengaños. Sólo podemos ser felices como el san Francisco de Asís del célebre cuadro: con los brazos en la cruz y el pie sobre el mundo. ¿No veis lo que pasa con una alfombra? Sale de la

En el estadio sueltan una liebre mecánica y, en seguida, una jauría de galgos. La liebre corre que corre, y los galgos, enloquecidos, van tras ella. Cuando van a cogerla, alguien da más fuerza a la corriente eléctrica y la liebre corre como un huracán. Los galgos, con los ojos inyectados en sangre, la persiguen; no oyen,

Era en el angora e Atenas; no en el lugar donde los senadores deliberaban acerca de la salvación de la patria, sino en aquel otro lugar en que sofistas embaucadores de todos los tiempos, engañaban al pueblo. Uno de ellos había puesto catedra, y a su alrededor se agrupaban, abierta la boca en pasmo de admiración,