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Sembrando Esperanza

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GOTAS DE ESPERANZA

Dolores Rodríguez Sopeña, la futura fundadora del Instituto de Damas Catequistas, y su amiguita Araceli Núñez vivían en Almería. En unas cavernas de un seno separadas de la población habitaba un pobre leproso que solía colocar junto a la carretera una espuerta o capacho para que echaran limosna los que pasaban. Las dos jovencitas iban a visitar a aquel ser desgraciado en el coche de Dolores. «Nosotras bajábamos —cuenta ella— y hacíamos descender de la caverna al leproso para hablar con él de Dios, de lo feliz que sería, aun habiendo sido echado de la población por su enfermedad y vivir separado del mundo, siendo sólo Dios su recompensa, si se lo ofrecía todo a Él.» El agradecido leproso espiaba el ruido del coche y, al oírlo, se dejaba caer gateando cerro abajo para no perder ni un minuto de la visita.

 

El cochero delató los hechos a las respectivas familias, la1s cual1es prohibieron tales visitas.

 

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