Lecturas del Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores. Ciclo A.

Posted by on Sep 12, 2017 in Lecturas y Reflexiones

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (5,7-9):

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 30,2-3a.3b-4.5-6.15-16.20

R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí. R/.

Ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (19,25-27):

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, te doy gracias de todo corazón por todo lo que me has dado, en especial, este momento de intimidad contigo. Vengo ante Ti con todo lo que soy y tengo. Bien sabes que en mi corazón hay tristezas y alegrías; en mi vida diaria, dificultades y bonanzas… pero no hay nada que no proceda de Ti. Todo lo bueno que tengo procede de tus manos amorosas. Gracias, Jesús. Enséñame a recibir todo lo que Tú me quieras regalar.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy, Jesús, me demuestras el amor tan exagerado que me tienes: luego de haberme entregado todo lo que tenías, cuando ya no te quedaba nada más que dejarme, me regalas a María, tu mamá, para que también sea mi mamá.
Le dices a la Virgen: «mujer, allí tienes a tu hijo». En la persona de Juan, la Iglesia siempre se ha visto como heredera de ese gran tesoro que es María… pero ¿y la Virgen qué siente?, ¿qué pensamientos recorren ese corazón de madre que ve morir a su Hijo en una cruz y recibe a toda la humanidad como hijos?
Jesús, Tú has muerto por mí, he sido yo quien te ha crucificado con y por mis pecados Te ha entregado al escarnio y a la muerte… ¡Y Tú me regalas a tu mamá! ¡Tú le pides a la Virgen que me adopte a mí, un verdugo tuyo! ¿Cómo acercarme a María si acabo de crucificarte?, ¿con la misma mano que te abofeteó y te clavó acariciaré su mejilla? ¿Cómo la misma boca que hace poco gritaba: «crucifícalo» ahora se atreverá a decirle a la Virgen: «Madre, te quiero»?
¡Es una locura! Y sin embargo, María me mira con sus purísimos ojos bañados en llanto y me dice: «Hijito, si Jesús te ha perdonado todo lo que le hiciste, yo también te perdono. Ven. No tengas ni miedo ni vergüenza. No voy a reclamarte ni a reprocharte nada. Sólo te pido una cosa: No dejes que la sangre de mi Hijo sea en vano. Él ha muerto por Ti con la esperanza de que tú lo amarías. Si no sabes cómo hacerlo, ven y yo te enseñaré. Yo también te amo y sólo quiero que la sangre de mi Jesús te dé la vida eterna.»

«En el Gólgota no retrocedió ante el dolor, sino que permaneció ante la cruz de Jesús y, por su voluntad, se convirtió en Madre de la Iglesia; después de la Resurrección, animó a los Apóstoles reunidos en el cenáculo en espera del Espíritu Santo, que los transformó en heraldos valientes del Evangelio. A lo largo de su vida, María ha realizado lo que se pide a la Iglesia: hacer memoria perenne de Cristo. En su fe, vemos cómo abrir la puerta de nuestro corazón para obedecer a Dios; en su abnegación, descubrimos cuánto debemos estar atentos a las necesidades de los demás; en sus lágrimas, encontramos la fuerza para consolar a cuantos sufren. En cada uno de estos momentos, María expresa la riqueza de la misericordia divina, que va al encuentro de cada una de las necesidades cotidianas.»
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de octubre de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a rezar un rosario agradeciéndole a la Virgen la gracia de ser su hij

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Lecturas del Domingo 22º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Posted by on Sep 3, 2017 in Lecturas y Reflexiones

Lecturas del Domingo 22º del Tiempo Ordinario – Ciclo

Domingo, 3 de septiembre de 2017

Primera lectura
Lectura del libro de Jeremías (20,7-9):

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreir todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.» La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 62,2.3-4.5-6.8-9

R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (12,1-2):

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Mateo (16,21-27), del domingo, 3 de septiembre de 2017

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,21-27):

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas corno los hombres, no como Dios.»
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, el deseo más profundo de mi corazón es conocerte y amarte. Quiero colocar todas mis fuerzas, mis sentimientos en tu Corazón y que mis pensamientos estén orientados todos hacia Ti.

Medite lo que dice en el Evangelio

¡No lo permita mi Dios! Muchas veces me muevo por miedo. Ocurre alguna cosa que me confunde, me consterna y entonces el miedo comienza a dominarme. Un amigo mío está sufriendo, mi esposo ha perdido su trabajo, un familiar está pasando por aquella situación difícil, mi esposa parece estar lejos de mí, no puedo darle todo lo que quiero a mis niños… ¿qué es aquello que puede generar miedo en mi interior? Llega un miedo hacia el futuro; llega un miedo que se cuela en el presente; llega un miedo que me empieza a carcomer el corazón.
Pedro, tienes miedo. Estás confundido. ¡Espera a estar tranquilo! Tú mismo fuiste aquél que dijo «¿a quién iremos?». Pedro, te encuentras frente a una situación que se te escapa de las manos. Poco puedes hacer. Pero puedes hacer algo: esperar, ser paciente, luchar; pero sobre todo, confiar. ¿Cuál es mi temor?, ¿tengo alguno en este mismo instante?, ¿creo verdaderamente en Ti, Señor?
Ponerse en las manos de Dios suele ser difícil, pues como que se siente que se perderá el control de aquí en delante. Sin embargo, no hay mejor paso en una situación de crisis que el del colocarse en manos del Señor. No se tratará de una resignación, sino de un acto de confianza. Quien se resigna, no tiene confianza ya. No se mueve, no actúa, no tiene esperanza alguna. Quien confía, se moverá incluso más que antes, pero su certeza no se encontrará en sí mismo, ni en los frutos de sus actos, sino en Dios mismo (¡Dios omnipotente que es amor!). Y Él lo sostendrá.

«La felicidad prometida por Dios se anuncia en términos de justicia. El Salvador, es decir el único Justo y el único Juez que puede dar a cada uno la suerte que merece. Aquí, como en otras partes, muchos hombres y mujeres tienen sed de respeto, de justicia, de equidad, y no ven en el horizonte señales positivas. A ellos, Él viene a traerles el don de su justicia. Viene a hacer fecundas nuestras historias personales y colectivas, nuestras esperanzas frustradas y nuestros deseos estériles. Y nos manda a anunciar, sobre todo a los oprimidos por los poderosos de este mundo, y también a los que sucumben bajo el peso de sus pecados.»
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de noviembre de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ante los problemas del día, me pondré en manos del Señor y aceptaré su voluntad. Rezaré la jaculatoria: Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

 

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ecturas del Viernes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Posted by on Aug 9, 2017 in Lecturas y Reflexiones

Viernes, 11 de agosto de 2017

Primera lectura
Lectura del libro del Deuteronomio (4,32-40):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Te lo han hecho ver para que reconozcas que el Señor es Dios, y no hay otro fuera de él. Desde el cielo hizo resonar su voz para enseñarte, en la tierra te mostró aquel gran fuego, y oíste sus palabras que salían del fuego. Porque amó a tus padres y después eligió a su descendencia, él en persona te sacó de Egipto con gran fuerza, para desposeer ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú, para traerte y darte sus tierras en heredad, cosa que hoy es un hecho. Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»
Palabra de Dios

Salmo
Sal 76,12-13.14-15.16.21

R/. Recuerdo las proezas del Señor

Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas. R/.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?
Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos. R/.

Con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.
Guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,24-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»
Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
María, veo qué pequeño soy, veo lo poco que soy y me cuesta creer que hay un Dios que me pueda amar. Tú, mamá, que eres verdadero ejemplo de confianza y abandono en Dios, ayúdame, llévame de la mano y enséñame a ponerme en manos del Señor. Hoy quiero rezar, quiero pasar un rato con Él.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuántas veces me he preguntado en qué consiste tu camino, Señor. En qué consiste ser cristiano, o qué tiene de especial mi vocación, qué riqueza. Qué es lo que cambia en mi vida. Esperé tantas veces que mi vida se volviera distinta, que cambiara el entorno en que me muevo. Esperé poder gozar de ciertas «gracias» o «facilidades» venidas de tu mano en el día a día. Ahora que miro mi pasado y que veo tantas expectativas no llenadas, me pregunto si me equivoqué. En otras palabras, me pregunto por qué no llenaste mis deseos.
Pues bien, quizá debo admitir que mi fe no siempre ha sido muy grande. Quizá mis deseos muchas veces no eran necesariamente los mejores. Podrían haberme traído alguna satisfacción –o al menos eso es lo que yo creía- pero quizá no eran tan profundos. Te amaba, Señor, y te amo; pero confieso que muchas veces te busco y te he buscado más como un «hechicero» que como mi Dios.
Ahora, poco a poco he aprendido que la fe no consiste en pensar o desear algo con mucha certidumbre, para conseguirlo al instante. Sino más bien en una confianza personal en mi Creador. En una confianza que me abre los ojos y el corazón para buscarte y encontrarte. Y reconocer tu mano misericordiosa que me guía y me da lo que verdaderamente necesito.
Me preguntaba en qué consiste tu camino. Ahora veo que no consiste en el éxito. Ese camino sería para pocos (y, además, ¿quién tiene éxito que no tenga otro deseo de ser saciado?).. Es verdad que Tú obras en el éxito también, pero no es ésa la esencia de «ser cristiano».
Para responder a mis preguntas, dos frases resuenan constantemente en mi interior: «El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga» y «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto». Debo meditarlas frecuentemente. Son pedagogía divina que rompe con la pedagogía del mundo actual. Pedagogía para aprender a amar verdaderamente.
«Él lo dijo claramente a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Él nunca prometió honores y triunfos. Los Evangelios son muy claros. Siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz. Y lo mismo vale para nosotros. Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni deshacerse de ella, sino que, mirándolo a él, aceptémosla y llevémosla día a día.»
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de abril de 2017).

Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, al rezar, buscaré tener un corazón abierto a aquello que Dios me quiera dar y pedir.

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Lecturas del Domingo 13º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Posted by on Jul 1, 2017 in Lecturas y Reflexiones

Domingo, 2 de julio de 2017

Primera lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes (4,8-11.14-16a):

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa.
Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí.»
Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.
Dijo a su criado Guejazi: «¿Qué podríamos hacer por ella?»
Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»
Eliseo dijo: «Llámala.»
La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»

Palabra De Dios

Salmo
Sal 88,2-3.16-17.18-19

R/. Cantaré eternamente
las misericordias del Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,3-4.8-11):

Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra De Dios

Evangelio
Evangelio según san Mateo (10,37-42), del domingo, 2 de julio de 2017
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Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,37-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Creo, Señor, que estás presente en este momento de oración y que quieres hablarme. Deseo escucharte y dejarme guiar. Aumente mi fe, mi confianza y mi amor, para así abandonarme en tus manos y dejarte actuar en mí. Te pido me concedas aquella gracia que más necesito. Concédeme serte fiel en todo momento. Gracias por todos los dones y beneficios que me das. Inflama mi corazón de amor ardiente por Ti y por tu Reino.

Ya que desde los primeros años de tu predicación haces referencia a la cruz. No era que la cruz tuviera un bonito significado en tu tiempo. Era considerada por todos la peor humillación, el instrumento de muerte más cruel que podían dar a un hombre; era el símbolo del delito, del sufrimiento, de la muerte. Sin embargo, Tú me invitas a tomar la cruz.
Puedo preguntarme en este rato de oración, ¿cuál es mi cruz? ¿Qué es lo bueno que puedo encontrar en ella para que me invites a tomarla y seguirte?
Es importante responderme delante de Ti estas preguntas porque, efectivamente, es mi cruz la que me pides que cargue. No me pides que cargue con tu cruz, o con la de Pedro, o con la de Andrés. Me pides que cargue con la mía. Cada uno debe cargar con su cruz, con sus sufrimientos, así como Tú cargaste con tu cruz y tus sufrimientos. Tú ya me has enseñado la forma de llevar la cruz y quieres que te siga, cargando la mía.
Pero ¿cuál es mi cruz? Tal vez es la de alguna molestia o enfermedad, la traición de un amigo, la de mi familia que padece persecución. Quizá mi cruz de hoy es un problema matrimonial, el desempleo, el malestar de algún ser querido o una crisis en las decisiones importantes de mi vida. En mi interior, también, puedo llevar la cruz del cansancio, del desaliento, del desánimo en la lucha por la santidad, por la justicia o la verdad; la tristeza por la partida de un ser querido, o la soledad que a veces experimento.
En definitiva, yo también tengo una cruz. Ella no es una realidad extraña a mi vida. Pero ¿para qué cargar con mi cruz? ¿Por qué no dártela? ¿Por qué no me la quitas? ¿Qué es lo que puedo hallar en la cruz que me pides cargarla detrás de Ti? ¿Acaso quieres hacerme sufrir?
No. No es que me quieras ver sufriendo, no quieres que cargue con la cruz por obligación, porque toca, porque no hay otra opción. Me invitas a cargar con la cruz porque ella es un medio de unión contigo y con los demás. El sufrimiento es la cruz que todos los hombres llevamos, cruz que también Tú quisiste experimentar. Ella es como puente que me une a Ti y a mis hermanos.
El madero vertical es aquél que me eleva hacia Ti; es el tramo por el que descienden miles de gracias para llevar esta misma cruz; es el puente por el que puedo entrar en contacto directo contigo. Es curioso que todos los hombres te buscamos cuando sentimos el peso de la cruz, y creo que es justo por este aspecto.
El tramo horizontal es el puente con los demás. Muchas veces mi cruz me hace sensible ante el dolor de los demás. ¡Cuánto me conmueve ver el dolor de otros, sobre todo de los inocentes, que cargan con cruces más pesadas que la mía! Este madero horizontal es el medio de salir en ayuda del prójimo, para dejarme conmover, para compadecerme, para acercarme.
Ayúdame, Señor, a ver mi cruz no sólo como algo que me molesta o me hace sufrir, sino como el medio para seguirte, para unirme a Ti. Pero sobre todo, ayúdame a cargar con mi cruz, pero siguiéndote. No permitas que cargue con mi cruz errando el camino, no siguiendo tus pasos, porque contigo la cruz es más ligera, más soportable, incluso más querida. Pero cuando cargo la cruz sin ir detrás de Ti, entonces, ¡qué triste es la vida y qué pesado el caminar cuando se carga con una cruz vagando por el camino, sin seguirte, sin saber que un día llegará la Pascua!

«Cuando Jesús afirma la primacía de la fe en Dios, no encuentra una comparación más significativa que la de los afectos familiares. Y, por otro lado, estos mismos vínculos familiares, dentro de la experiencia de fe y del amor de Dios, se transforman, son “llenados” de un sentido más grande y son capaces de trascender a sí mismos, para crear una paternidad y una maternidad más amplias, y para acoger como hermanos y hermanas también aquellos que están al margen de cualquier vínculo.»
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de septiembre de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy no me quejaré ante algo que me moleste o me incomode y lo ofreceré por ese familiar del que me he alejado.

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Lecturas del Jueves después de Ceniza. Ciclo A.

Posted by on Mar 1, 2017 in Lecturas y Reflexiones

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):
MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».
Palabra de Dios

Salmo

Sal 1
R/.
Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,22-25):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Creo, Señor, que la oración es el mejor momento en el que puedo entrar en relación contigo. Sabes bien cuánto te amo y los deseos que tengo de amarte en este día un poco más. Gracias por todos los dones y beneficios que presentas en mi vida. Aumenta mi fe, mi esperanza y mi caridad. Concédeme en esta cuaresma prepararme bien para encontrarme contigo en la Semana Santa.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

En este pasaje me presentas los padecimientos que sabías iban a venir en los días de tu pasión. El dolor y el sufrimiento son elementos que quisiste tomar cuando te hiciste hombre por mí. Siendo Dios pudiste haber elegido una vida tranquila, cómoda, sin dolores, sin traiciones, sin sufrimientos, sin preocupaciones. Una vida de algodón. Sin embargo, quisiste compartir conmigo la realidad en la que me encuentro a diario. Una vida de cruz.
¿Qué hombre hay que no sufra? ¿Qué ser humano se encuentra libre de toda preocupación, dolor, traición, engaño, enfermedad o miseria? Ninguno. Tú, quisiste por ello dar sentido y valor a esta dimensión que llevo conmigo. Tú sabías bien lo que te esperaba en pocos días, pudiste huir y evitarlo. Pero no. Lo acogiste, lo enfrentaste, lo padeciste. Y todo ello, por amor a mí.

Permíteme, Señor, contemplar tu dolor y tu sufrimiento, permíteme contemplar tu amor porque en Ti encuentro el modelo a mi actuar. Desde que aceptaste esta realidad humana no hay hombre que no se pueda sentir identificado contigo. Tú, Jesús, padeciste la traición de los amigos, el abandono de los cercanos, la injuria, la difamación, la ira, la violencia, la debilidad, el cansancio, la sed, la desnudez, para con ello pagar mi entrada en el cielo y demostrarme que Tú, mi Dios, me conoces, me comprendes, me entiendes, me amas.
Dime, Señor, qué encontraste en el sufrimiento y la cruz que no huiste de ella aunque pudiste hacerlo. Dime qué se oculta en esa cruda realidad que la aceptaste con amor y paciencia. Enséñame los frutos del dolor, del sufrimiento en mi vida. Porque ellos no son algo vano desde que Tú los aceptaste.
Dame la gracia, Señor, de unir mi cruz a la tuya y no padecer sólo los males de esta vida. Sino siempre tener la confianza que caminas a mi lado, sufres conmigo, lloras conmigo y me sostienes con tu amor para llegar así a la gloria de la resurrección.

«La paz de Jesús brota de la victoria sobre el pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y signo de su presencia. Todo discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz, recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado con la certeza de su victoria y a la espera de su venida definitiva.»
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de mayo de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy cuando algo me sea costoso o no me guste, se lo ofreceré al Señor por alguna intención.

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Lecturas del Viernes de la 6ª semana del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Posted by on Feb 16, 2017 in Lecturas y Reflexiones

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (11,1-9):
TODA la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras.
Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron allí.
Se dijeron unos a otros:
«Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego».
Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa.
Después dijeron:
«Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre, no sea que nos dispersemos por la superficie de la tierra».
El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres.
Y el Señor dijo:
«Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues, y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo».
El Señor los dispersó de allí por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.
Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó el Señor por la superficie de la tierra.
Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,10-11.12-13.14-15
R/.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

V/. El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre;
los proyectos de su corazón, de edad en edad. R/.

V/. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

V/. Desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,34–9,1):
EN aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles».
Y añadió:
«En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».
Palabra del Señor

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Consciente de mi pequeñez y de mi grandeza, así me presento ante Ti. Por otro lado, me sé grande si te tengo a Ti, si me asemejo a Ti, si correspondo a tu designio de ser tu imagen, de ser tu semejanza. Así sea.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Negarse a sí mismo es quizá la tarea más difícil que puede existir. Es, muy de seguro, la más larga y, sin duda, la más dura. Obtener un título, terminar una carrera, esto es poco en comparación. Lo mismo el alcanzar un puesto, lograr renombre. Llegar a tal lugar, conocer tal país, son todos todavía nada en semejanza. Complacer a tal persona, agradar a alguno, conquistar a alguien; son muy poco si se los compara. ¿Podría pensar más ejemplos? Muy cierto ninguno le igualará.
Nada más y nada menos que en negarme a mí mismo consiste el seguirte, Señor. Hablamos de someter aquello con lo cual podría lograr todas las cosas enumeradas arriba y muchas más: hablamos de mi voluntad y de mi intelecto.
Y entiéndase: seguir a Dios no consiste en hacer siempre lo que no quiero, sino en querer siempre lo que Dios quiere. Es verdad que aquí me topo con un gran problema, ¿qué quiere Dios? Mucha luz me das Tú, Señor, pues por fortuna tengo el Evangelio, tu mismísimo testimonio de vida.
Cumplir la voluntad de Dios es un arte que conlleva un continuo discernimiento. No un discernimiento eterno que me frenará de nunca hacer nada, pero sí un discernimiento sincero que me lleve a ser prudente y, por ello, en ocasiones también resuelto. No un discernimiento lleno de desconfianza en mí, sino sobre todo uno lleno de confianza en Ti.
Negarme a mí mismo, como puedo ver, no significa perseguir todo cuanto tenga nombre de tristeza, sino todo cuanto tenga nombre de felicidad. Aun cuando suponga renunciar a mis deseos, pero también cuando los implique: porque, nuevamente, todo consistirá en buscar siempre querer lo que quieres Tú.

«La dirección que Jesús indica es de sentido único: salir de nosotros mismos. Es un viaje sin billete de vuelta. Se trata de emprender un éxodo de nuestro yo, de perder la vida por él, siguiendo el camino de la entrega de sí mismo. Por otro lado, a Jesús no le gustan los recorridos a mitad, las puertas entreabiertas, las vidas de doble vía. Pide ponerse en camino ligeros, salir renunciando a las propias seguridades, anclados únicamente en él.»
(Homilía de S.S. Francisco, 30 de julio de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a hacer una visita a la Eucaristía y pasaré mínimo cinco minutos imaginando lo que será el cielo para que esto aumente mi deseo de eternidad y me impulse a renunciar a todo lo que me impida llegar allí.

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Oraciòn del dìa sàbado 25ª TO C, San Lucas 9.43-45. Ciclo C

Posted by on Sep 24, 2016 in Pensamiento del día

vida-y-sue

Un especial saludo en este dìa sábado 25ª semana del TO.  Bajo la mirada maternal de Marìa, nos acogemos a su presencia y cuidado maternal, y le decimos al Señor.

Me acerco a Tì, para darte gracias, por todo lo que me has dado: me das este nuevo día, la alegría y las fuerzas para vivirlo, la fe para darle un sentido y poder ofrecértelo…tantas y tantas cosas que tu amor han derramado en mi vida. Gracias, también, por enseñarme a afrontar los momentos difíciles de soledad y sufrimiento, con paz y esperanza. Ayúdame a aprender las lecciones de tu cruz, para que sepa cómo tomar la mía.

Hoy vamos a reflexionar en el Evangelio de san Lucas 9, 43-45.

Hoy nos dices que todos admirados comentaban los prodigios que hacìas, sanabas enfermos, dabas la vista a ciegos, paralíticos comenzaban a caminar, leprosos quedaban lìmpios, incluso hasta resucitaste muertos, ¡cuàntos prodigios!, para contemplar con gratitud y admiración, y convencernos de tu poder y presencia que ha actuado y sigue actuando  en tantos corazones, sin duda para muchos fuiste, eres y seràs la gran Esperanza, para muchos. Como quisiéramos que fueras para todos.

Pero los prodigios no son solo para admirarte, pues luego les dices que tomen atención, que ibas a ser entregado de manos de los hombres. ¿Què son todas estas manifestaciones milagrosas en comparación con Tu entrega?, te dejaste apresar, condenar, flagelar, coronar de espinas, cargar con la cruz y morir en ella crucificado, què mayor acto de amor y de entrega y todo libre y voluntariamente. Què duro es escuchar que ibas a ser entregado, por los hombres, en especial por uno de los Tuyos, y que los demás te dejarìan solo.

Terminas diciendo que no entendieron estas palabras, un velo les ocultaba su sentido y les eran incomprensibles, claro aùn no había venido el Espìritu Santo, para revelarles toda esta Verdad y abrirles los ojos, quitando ese velo.

Hasta el dìa de hoy, Señor estas palabras no se entienden, especialmente cuando se trata del dolor y sufrimiento humano, de la injusticia y de las cruces que llevamos los hombres, pero Tù lo dejas claro, todos llevamos a nuestras espaldas una cruz que tenemos que cargar, con amor, paciencia y aceptación, asì como lo hiciste Tù.

Señor, La cruz está presente en la vida de todo cristiano. Tù fuiste claro sobre esto y conviene que lo piense con frecuencia. Sólo así puedo descubrir el tesoro que la cruz lleva escondido, y sacar  un fruto de ella. Más aún, el dolor es una realidad que me toca directamente como a todo hombre. Y por eso, Señor,  la mejor actitud no es huir del sufrimiento, sino darle un sentido, un valor y saberlo ofrecer.

Que nosotros nunca tengamos miedo de preguntarte estas inquietudes, que tengamos confianza y que en la oración contigo, podamos resolver estos interrogantes.

Mi propósito en este dìa, es aceptar mis sufrimientos y cruces que tenga que llevar, sea ante una enfermedad, una relación con alguna persona, ya sea en la familia o en el trabajo. Pedirè fuerzas para llevarlas con paz y armonía.  

Mis queridos niños, Jesùs manifestó su poder de tantas maneras, que causaba admiración. Pero el gran milagro que nos ha dejado como legado, es su gran amor, que implicò dar su vida por nosotros, muriendo en la cruz y resucitando al tercer dìa, demostrando su poder ante el mal y la muerte.

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