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Sembrando Esperanza

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SACA AQUELLOS TALENTOS QUE TIENES ESCONDIDOS

Muchas veces nos sentimos limitados, temerosos ante nuestro mundo lleno de exigencias. Vivimos sumergidos en cursos de capacitación, en entrenamientos profesionales y cursillos de autoestima.  Sí, todo eso es bueno y es válido, pero no demos por descontado que Dios en su providencia actúa de una forma maravillosa y misteriosa en aquellos que tienen buena disposición y buena voluntad para salir adelante.

Aplicar un poco de ingenio, fortalecer la voluntad para salir adelante, nos llevará a tener que hacer sacrificios y esfuerzos extras. Lo importante es lanzarse a los cambios; experimentar nuevas rutas, inventar nuevos caminos y sobre todo no dejar que las circunstancias adversas nos invadan con el pesimismo y la tristeza que puede traer toda adversidad.  Qué  fácil es dejarnos llevar por ellas. No sirve de nada quedarnos llorando en la esquina del cuarto como víctimas inconsolables, tenemos que buscar la puerta que nos devolverá la ilusión y las ganas de salir adelante. No hay que tirar la toalla, debemos buscar, tocar, reinventar, lanzarnos. La vida es una aventura que, aunque nos cueste el sudor de nuestra frente, nos dará la satisfacción de una vida plena.

“No había en el pueblo peor oficio que el de portero del hotel.  ¿Pero qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir. No conocía ninguna otra actividad ni oficio.

Un día se hizo cargo del hotel un joven con inquietudes, creativo y emprendedor.

El joven decidió modernizar el negocio.  Hizo cambios y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.  Al portero, le dijo: “A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entren por día y anotará las comentarios y recomendaciones que hagan sobre el servicio…”

El hombre tembló. Nunca le había faltado disposición para el trabajo pero… –”Me encantaría satisfacerlo señor,  – balbuceó – pero yo… yo no se leer ni escribir…”

-”¡Ah! Cuánto lo siento!”

 -”Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida…”

No lo dejo terminar: –”Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted.  Le vamos a dar una indemnización para que tenga hasta que encuentre otra cosa; así que lo siento. Que tenga suerte…” Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba.  Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. ¿Qué hacer? Recordó que en el hotel cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él, con un martillo y clavos, lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo.  El problema es que solo contaba con unos clavos oxidados y unas pinzas muy viejas. Entonces decidió usar parte del dinero para comprar una caja de herramientas.

Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra.  ¿Qué más da? pensó, y emprendió la marcha.  A su regreso, trajo una hermosa y completa caja de herramientas.

De inmediato su vecino llamó a la puerta de su casa:

-”Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme…”

 -”Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar… como me quedé sin empleo…”

 -”Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.”  El portero accedió y le prestó el martillo. A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta:  –”Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?”

 -“No, yo lo necesito para trabajar y además la ferretería esta a dos días en mula.”

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