FELIZ AÑO NUEVO PARA TI
Terminó un año y estamos comenzando uno nuevo; muchos han sido los acontecimientos, las vivencias, los momentos vividos, alegres y tristes; nuestra vida ha quedado marcada con triunfos y fracasos; todo ha formado parte de lo que somos en este momento, pero al hacer una retrospectiva… Que nos anime la esperanza de que todo ha servido para nuestro bien y que en este año nuevo serán mayores las bendiciones y la acción de Dios en nuestra vida. Venga lo que venga, vivamos en paz, alegres y llenos de esperanza.
Quizá dé lo mismo si se trata de un año nuevo o de un nuevo grupo de pertenencia, de un nuevo lugar donde vivir, de un nuevo amigo o de una nueva pareja.
Nada puede ser realmente nuevo si uno lo vive desde viejas actitudes.
Por eso te deseo y me deseo…
Que no se nos vaya nuestro tiempo de vida en asuntos que realmente no valgan la pena.
Nadie vino a este mundo a encerrarse en un lugar seguro, a lograr la aprobación de los demás ni a “matar el tiempo”.
El tiempo es algo precioso: un recurso no renovable.
Que miremos hacia atrás solo para cerrar los asuntos pendientes. Es el único modo en que el pasado puede realmente pasar… decir lo largamente callado, hacerse cargo de los errores y pedir disculpas, reconocer lo recibido y dar las gracias, comprender lo no comprendido, dejar ir lo que ya no es.
Cerrar lo inconcluso es comenzar a hacer espacio para lo Nuevo.
Que sepamos pedir ayuda cuando la necesitemos, para volver a pararnos sobre nuestros propios pies.
Dejarse ayudar es un buen antídoto para la omnipotencia o la necedad.
Que sepamos ayudar a quien lo necesite… sin perdernos en el otro, sin invadir ni manipular, sin generar dependencia, sin forcejear para que nadie cambie lo que no está dispuesto a cambiar.
Ayudar requiere el ejercicio de una solidaridad inteligente, consciente de sus trampas y de sus límites.
Que permanezcamos abiertos a encontrar verdaderos compañeros de camino, afines a nuestra más íntima esencia.
Como decía Vinicius: “La Vida es el arte del encuentro”. No nos escondamos de la Vida!
Que seamos parte de aquellos que, más que un “Año Nuevo”, celebran cada día un “Día Nuevo”, intensamente vivos!
Yo quisiera, al iniciar este año, elevar mi mirada a Dios, al Señor y poder decirle solo una palabra; que sea sincera y sencilla.
En el silencio de la soledad te digo en primer lugar desde lo más profundo de mi corazón: GRACIAS…
GRACIAS Señor! por todo lo que en este año que acaba de terminar me has concedido porque te lo he pedido; por todo lo que me has dado sin habértelo rogado; por todo lo que me has otorgado sin haberlo merecido.
GRACIAS por la salud, por el bienestar, por las alegrías y las satisfacciones.
GRACIAS también por la enfermedad, por las penas y los sufrimientos. Aunque me cuesta trabajo, Señor, te agradezco esto último. ¡Tú sabes lo que hiciste!
GRACIAS por el rayo de esperanza que me iluminó, por aquella mano que me levantó, por ese consejo que me guió, por aquellas palabras que me alentaron, por esa sonrisa que me alegró, por aquellos brazos que me recibieron; pero sobre todo, te doy GRACIAS, Señor, por la FE que tengo en Ti.
En este tiempo, un tanto confuso, -aunque lleno de esperanzas- es a veces difícil creer.
Te confieso sinceramente que no siempre he sabido cómo actuar, qué hacer, a dónde ir, sin embargo, sigo teniendo FE en Ti.
Te doy GRACIAS, porque en las tinieblas me has iluminado, porque en las caídas me has levantado, porque me has perdonado cuando he acudido a ti.
Te doy GRACIAS, Señor, por todo aquello que ignoro y de lo cual debo darte GRACIAS!