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Sembrando Esperanza

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GOTAS DE ESPERANZA

Pasando una vez M. Chéron, hacia la medianoche, por delante del taller de un pobre herrero, oyó los golpes de un martillo. Entró y quiso saber el motivo de su trabajo a altas horas de la noche.

No es para mí que estoy trabajando dijo el herrero ; es para mi vecino. El pobrecillo ha sufrido un incendio y yace en la miseria. Me levanto dos horas más temprano y me acuesto dos horas más tarde; así hago dos jornales extra por semana, de los cuales puedo regalarle el producto.

Muy bien  dijo Chéron , pero ¿pensáis que vuestro vecino será capaz de devolver os algún día lo que ahora le dais?

  ¡Oh, no!, pero es preciso ayudarse los unos a los otros. Si hubiese sido mi casa la incendiada, yo me alegraría muchísimo de que se hiciese otro tanto conmigo.

 

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