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Sembrando Esperanza

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ANCALA TU VIDA, MIRADA Y PROYECTOS EN TU FIN ULTIMO

Qué fácil es anclarnos a las cosas del mundo, a nuestra salud y a
las cosas que poseemos. Igualmente nos pasa con los afectos de
las personas, el qué dirán y los aplausos. Pareciera que todo fuera
eterno y esta vida no se fuera a terminar. Tenemos el gran ejemplo de
Alejandro Magno que antes de morir, pidió tres deseos.
“Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus
generales y les comunicó sus tres últimos deseos:
38 Por: Gallo G., Gonzalo. 11 de octubre 2001 .

1. Que su ataúd fuese transportado por los médicos de la época.
2. Que fueran esparcidos por el camino hasta su tumba los tesoros
que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas…), y …
3. Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del
ataúd, a la vista de todos.
Uno de sus generales, admirado por tan insólitos deseos, le preguntó
a Alejandro cuáles eran sus razones. Y él explicó:
1. Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para
mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar.
2. Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos
puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí
permanecen.
3. Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas
puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías
partimos.”39
“En cierta ocasión alguien le preguntó a Galileo Galilei:- “Maestro, ¿Cuántos años tiene?”.- “Ocho o diez”, repuso Galileo, en evidente contradicción
con su barba blanca. Y luego explicó:- “Tengo, en efecto, los años que me quedan de vida porque
los vividos no los tengo, como no se tienen las monedas que se han
gastado”.
Crecemos en sabiduría si valoramos la vida como Alejandro Magno y
el tiempo como Galileo.
39 Autor desconocido. https://eltrasterodepalacio.wordpress.com/2023/08/17/alejandro-magno
y-sus-tres-ultimos-deseos-para-despues-de-su-muerte/

Cuántas veces hemos oído decir con asombro: “¡Cómo pasa el
tiempo!”. Pero, en realidad, somos nosotros los que pasamos…”40
Tanto el gran emperador Alejandro como el astrónomo Galileo sabían
que aquí estaban de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en
la meta que nos espera.
La certeza de que nuestro caminar terreno tiene un final, es el mejor
recurso para valorar más cada minuto. Así podemos aprovechar lo
único que tenemos: El presente, sabiendo que hoy tenemos vida y
las cosas que hay en ella y, mañana ya no. Solo la buena cosecha
que presentaremos a Dios, lo que hemos hecho, para el bien de los
demás, es lo que queda.
Por eso conviene disfrutar cada día como si fuera el último. Cierto
es que el ayer ya se fue y el mañana no ha llegado. Aprovechemos y
agradezcamos el ¡HOY! de nuestra vida, así como las bendiciones y
gracias recibidas.
La vida no nos está esperando en ninguna parte, la vida nos está
sucediendo. Nuestra vida la vamos haciendo cada vez que nos
levantamos, nos alimentamos, rezamos y compartimos con los demás.
La meta principal que hemos de alcanzar en el futuro de nuestra vida
es “el cielo”. También está aquí y ahora, en este mismo momento,
en nuestro respirar, en la circulación de nuestra sangre, en el latir de
nuestro corazón.
Para no perdernos, guiémonos por nuestra propia vida, por sus
significados y experiencias personales. No busquemos respuestas en
otros lugares. Por ello, no importa que nos amen o nos critiquen, nos
respeten, nos honren o nos difamen. Tampoco importa si tenemos
mucho o poco, que nos coronen o crucifiquen ya que la mayor
bendición que hay en la existencia es nuestro ser. Ese ser que, junto
a nuestra alma, jamás muere y un día, tarde o temprano, vamos a
presentar a nuestro Creador para mostrarle los frutos buenos de
nuestra vida.

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