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Sembrando Esperanza

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EL MAYOR REGALO DE LOS REYES, SU FE

GRACIAS por el rayo de esperanza que me iluminó, por aquella mano
que me levantó, por ese consejo que me guio, por aquellas palabras
que me alentaron, por esa sonrisa que me alegró, por aquellos brazos
que me recibieron.
Pero, sobre todo, te doy GRACIAS Señor, por la fe que tengo en ti.
En este tiempo, un tanto confuso, -aunque lleno de esperanzas- es
a veces difícil creer. Te confieso sinceramente: no siempre he sabido
cómo actuar, qué hacer, a dónde ir. Sin embargo, sigo teniendo fe en
Ti.
Te doy GRACIAS porque en las tinieblas me has iluminado, porque
en las caídas me has levantado, porque me has perdonado cuando
he acudido a ti.
Te doy GRACIAS Señor, por todo aquello que ignoro y de lo cual
debo darte GRACIAS. ¿Qué traerá el año que empieza? Lo que tú
quieras Señor. Pero te pido fe para mirarte en todo, esperanza para
no desfallecer, caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y olvido total de mí mismo.
Dame, Señor; lo que tú sabes que me conviene y yo no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más, y hacer que los que me rodean
te amen también.
Que sea yo grande en lo pequeño.
Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la
mente activas, el pie dispuesto. GRACIAS por el rayo de esperanza que me iluminó, por aquella mano
que me levantó, por ese consejo que me guio, por aquellas palabras
que me alentaron, por esa sonrisa que me alegró, por aquellos brazos
que me recibieron.
Pero, sobre todo, te doy GRACIAS Señor, por la fe que tengo en ti.
En este tiempo, un tanto confuso, -aunque lleno de esperanzas- es
a veces difícil creer. Te confieso sinceramente: no siempre he sabido
cómo actuar, qué hacer, a dónde ir. Sin embargo, sigo teniendo fe en
Ti.
Te doy GRACIAS porque en las tinieblas me has iluminado, porque
en las caídas me has levantado, porque me has perdonado cuando
he acudido a ti.
Te doy GRACIAS Señor, por todo aquello que ignoro y de lo cual
debo darte GRACIAS. ¿Qué traerá el año que empieza? Lo que tú
quieras Señor. Pero te pido fe para mirarte en todo, esperanza para
no desfallecer, caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y olvido total de mí mismo.
Dame, Señor; lo que tú sabes que me conviene y yo no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más, y hacer que los que me rodean
te amen también.
Que sea yo grande en lo pequeño.
Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la
mente activas, el pie dispuesto.
GRACIAS por el rayo de esperanza que me iluminó, por aquella mano
que me levantó, por ese consejo que me guio, por aquellas palabras
que me alentaron, por esa sonrisa que me alegró, por aquellos brazos
que me recibieron.
Pero, sobre todo, te doy GRACIAS Señor, por la fe que tengo en ti.
En este tiempo, un tanto confuso, -aunque lleno de esperanzas- es
a veces difícil creer. Te confieso sinceramente: no siempre he sabido
cómo actuar, qué hacer, a dónde ir. Sin embargo, sigo teniendo fe en
Ti.
Te doy GRACIAS porque en las tinieblas me has iluminado, porque
en las caídas me has levantado, porque me has perdonado cuando
he acudido a ti.
Te doy GRACIAS Señor, por todo aquello que ignoro y de lo cual
debo darte GRACIAS. ¿Qué traerá el año que empieza? Lo que tú
quieras Señor. Pero te pido fe para mirarte en todo, esperanza para
no desfallecer, caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y olvido total de mí mismo.
Dame, Señor; lo que tú sabes que me conviene y yo no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más, y hacer que los que me rodean
te amen también.
Que sea yo grande en lo pequeño.
Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la
mente activas, el pie dispuesto.
GRACIAS por el rayo de esperanza que me iluminó, por aquella mano
que me levantó, por ese consejo que me guio, por aquellas palabras
que me alentaron, por esa sonrisa que me alegró, por aquellos brazos
que me recibieron.
Pero, sobre todo, te doy GRACIAS Señor, por la fe que tengo en ti.
En este tiempo, un tanto confuso, -aunque lleno de esperanzas- es
a veces difícil creer. Te confieso sinceramente: no siempre he sabido
cómo actuar, qué hacer, a dónde ir. Sin embargo, sigo teniendo fe en
Ti.
Te doy GRACIAS porque en las tinieblas me has iluminado, porque
en las caídas me has levantado, porque me has perdonado cuando
he acudido a ti.
Te doy GRACIAS Señor, por todo aquello que ignoro y de lo cual
debo darte GRACIAS. ¿Qué traerá el año que empieza? Lo que tú
quieras Señor. Pero te pido fe para mirarte en todo, esperanza para
no desfallecer, caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y olvido total de mí mismo.
Dame, Señor; lo que tú sabes que me conviene y yo no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más, y hacer que los que me rodean
te amen también.
Que sea yo grande en lo pequeño.
Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la
mente activas, el pie dispuesto. GRACIAS por el rayo de esperanza que me iluminó, por aquella mano
que me levantó, por ese consejo que me guio, por aquellas palabras
que me alentaron, por esa sonrisa que me alegró, por aquellos brazos
que me recibieron.
Pero, sobre todo, te doy GRACIAS Señor, por la fe que tengo en ti.
En este tiempo, un tanto confuso, -aunque lleno de esperanzas- es
a veces difícil creer. Te confieso sinceramente: no siempre he sabido
cómo actuar, qué hacer, a dónde ir. Sin embargo, sigo teniendo fe en
Ti.
Te doy GRACIAS porque en las tinieblas me has iluminado, porque
en las caídas me has levantado, porque me has perdonado cuando
he acudido a ti.
Te doy GRACIAS Señor, por todo aquello que ignoro y de lo cual
debo darte GRACIAS. ¿Qué traerá el año que empieza? Lo que tú
quieras Señor. Pero te pido fe para mirarte en todo, esperanza para
no desfallecer, caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y olvido total de mí mismo.
Dame, Señor; lo que tú sabes que me conviene y yo no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más, y hacer que los que me rodean
te amen también.
Que sea yo grande en lo pequeño.
Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la
mente activas, el pie dispuesto.

En nuestros momentos de dificultad, también tiene que prevalecer
la luz de la fe. Creer cuando todo va viento en popa es fácil; creer
cuando el temporal de la adversidad choca cruelmente contra nuestra
pequeña embarcación es más difícil. Pero esto es lo que nos hace
gigantes en la fe. Nunca ha existido un verdadero cristiano sin una fe
probada.
La fe nos exige ver a Dios en las cosas sencillas…
Después de viajar muchos kilómetros, los Magos encontraron al Rey
de los judíos… El Salvador del mundo estaba en una cueva de una
aldea pobre, aislada, silenciosa, fuera de la ciudad de Jerusalén.
Eso fue suficiente para obligar al corazón bajar a los pies. De igual
manera, lo aceptaron plenamente, se arrodillaron delante de Él,
vieron a Dios en un bebé que lloraba. Era el Rey de los judíos, a
quien ellos buscaban y ahí lo encontraron, envuelto en unos pañales
y recostado en un pesebre.
La fe abre horizontes y nos hace ver más lejos de lo que podríamos
hacerlo con la sola luz de la razón y de lo que vemos con nuestros
ojos humanos.
El mejor don de los Magos fue su fe…
Impresionan los regalos valiosos del oro, incienso y mirra. Pero
más impresionante todavía fue el tamaño gigante de la fe de estos
hombres. No juzguemos el valor de nuestra vida por las cosas que
tenemos o las obras que hacemos, sino desde la fe y el amor con que
obramos, pues eso es lo que vale delante de Dios.
Vivamos esta fiesta siendo portadores de fe, una fe que ilumina
nuestro camino, nos da seguridad y nos acompaña siempre. Llevemos
esta convicción con alegría. Seamos testigos del gozo que significa
adorar al Niño Dios, sentir que su promesa se cumple, que Él nos ha abierto las puertas del cielo con su venida, ¿cómo no estar alegres?
Seamos testigos de este encuentro con el Señor para que, en nuestro
caminar, vayamos indicando la verdadera ruta que lleve a los hombres
al encuentro con este Niño Dios, Mesías, Dios con nosotros.

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