Image Alt

Sembrando Esperanza

  /  Historias y anécdotas   /  LA GENEROSIDAD DE CORAZON QUE SE DA SIN MEDIRSE

LA GENEROSIDAD DE CORAZON QUE SE DA SIN MEDIRSE

Nuestra sociedad se jacta de ser tecnológica, con grandes avances, con grandes edificios corporativos, grandes industrias y vaya cuántas cosas más.  Sí, esa es una realidad, pero también vivimos en un mundo con mucha miseria, con personas que viven en un estado deplorable, con muchas necesidades; realmente es contrastante ver por una parte tanta riqueza y tanto avance y por otro tanta pobreza y necesidad.

A pesar de toda esta realidad, el hombre sigue siendo él y pensando en él y en sus cosas y necesidades, realmente vivimos en medio de monumentales edificios llenos de egoísmos, en donde el centro somos nosotros mismos: una sociedad egoísta, forma individuos egoístas.  Así, el ego va marcando la pauta y buscamos aprovecharnos de las personas, circunstancias y solo nos interesa nuestro propio bien, no somos capaces de mirar hacia arriba y ver lo que Dios nos pide y requiere de nosotros  y menos somos capaces de mirar hacia enfrente y ver las necesidades de nuestros hermanos.  Sí, queremos sacarle provecho a todo, pero solo para nuestra satisfacción.  Que la historia que hoy vamos a reflexionar nos ayude a hacer un alto y a cuestionarnos qué tanto pensamos en nosotros mismos y qué estamos dispuestos a dar a Dios y a nuestra sociedad.

Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle, vio a lo lejos venir al rey con su corona y capa y pensó, «Le voy a pedir y de seguro me dará bastante».

Y cuando el rey pasó cerca, le dijo: «Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?» Aunque en su interior pensaba que el rey le iba a dar mucho más.

El rey le miró y le dijo:

            «¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey?».

El mendigo no sabía qué responder a la pregunta y dijo: «Pero su majestad, ¡yo no tengo nada!».

El rey respondió: «Algo debes de tener.  ¡Busca!».

Entre su asombro y enojo, el mendigo buscó entre sus cosas y supo que tenía una naranja, un bollo de pan y unos granos de arroz.  Pensó que el pan y la naranja eran mucho para darle, así que en medio de su enojo tomó 5 granos de arroz y se los dio al rey.

Complacido el rey dijo: «¡Ves como sí tenías!» Y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz.

El mendigo dijo entonces: «Su majestad, creo que acá tengo otras cosas», pero el rey no hizo caso y dijo: «Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo yo dar».

Es fácil en esta historia reconocer cómo el rey representa a Dios y el mendigo a nosotros.  Notemos que el mendigo aún en su pobreza es egoísta y no se desprende de lo que tiene, aún cuando su rey se lo pide.

Ocasionalmente, Dios nos pide que le demos algo para así demostrarle que Él es el más importante; unas veces nos pide ser humildes, otras ser sinceros y otras ser generosos.  Nos negamos a darle a Dios lo que nos pide, pues creemos que no recibiremos nada a cambio, sin pensar en que Dios devuelve el 100 por 1.

¿Qué será lo que Dios te está pidiendo en este momento? ¿Confianza?, ¿sencillez?, ¿humildad?, ¿abandono en su voluntad?, ¿desprendimiento de tus cosas o de tus proyectos?, ¿tener un corazón más generoso para compartir lo que tienes con la demás personas? No lo sé.  Solamente sé, que por lo que le des, te devolverá mucho más, y recuerda no darle solamente unos pocos granos, es decir, aquello que te sobra,  dale todo lo que tengas.  Hoy es un día para romper con nuestro propio yo, para proyectarme en Dios y desde Dios, saber qué es lo que le tengo que dar, especialmente si es para bien de mis hermanos.  Te lo digo, VALE LA PENA.

 

Leave a comment