GOTAS DE ESPERANZA
Rita Hayworth visitó hace algunos años España.
Los periódicos se ocuparon de ello ampliamente. A Rita le gustaba mucho España. Sobre todo le gustaban muchísimo los toros. La vimos retratada con frecuencia en los tendidos de nuestras plazas, acompañada de famosos diestros.
A pesar de sus muchas ocupaciones mundanas, Rita tuvo un día el capricho de visitar una leprosería. Recorriendo las salas, presenció la cura que una de las hermanas estaba practicando a una enferma. Ésta se hallaba en la terrible fase de despedazarse su carne por llagas purulentas y deformes. Sencillamente horrorizada, Rita exclamó:
— ¡Esto no lo haría yo ni por un millón de dólares!
Y la hermana, sin turbarse, respondió sonriente:
— Yo tampoco.
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