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Sembrando Esperanza

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LA NAVIDAD NO ES UN CUENTO DE NIÑOS

Los Ángeles se presentaron a los pastores como mensajeros de paz, “Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad”.  Todos queremos un mundo en donde esta virtud penetre los corazones y los rincones de todos los hogares, por eso tenemos la necesidad de hacer efectivo y actual este mensaje y buena nueva de los Ángeles.  El Papa Benedicto XVI, el domingo 20 de diciembre de 2009, decía: “deben empeñarse en la paz”; sin duda, que con este mensaje, queda claro, uno de los significados de la Navidad, así nuestro futuro estará asegurado para nosotros y nuestros hijos.

El Santo Padre explicaba en el Angelus de ese mismo día: “Hoy, como en los tiempos de Jesús, la Navidad no es un cuento para niños, sino la respuesta de Dios al drama de la humanidad en búsqueda de la paz verdadera” (Benedicto XVI, 20 de diciembre 2009).

La Navidad es “una profecía de paz para cada hombre”, nos interpela a cada uno, a ser mensajeros de paz, “qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que trae buenas noticias”, (Romanos 10. 16-18) esta buena noticia es la paz. Estas palabras nos tienen que hacer tomar conciencia del papel que cada uno debe desempeñar, “a meternos en las cerrazones, en los dramas, a menudo desconocidos y escondidos, con los sentimientos de Jesús, para ser en todas partes instrumentos y mensajeros de paz” (Benedicto XVI, 20 de diciembre de 2009).

Cada uno de nosotros debe, en esta Navidad y siempre, ser instrumento y mensajero de paz en todas partes; para llevar amor, donde hay odio; perdón, donde hay ofensa; alegría, donde hay tristeza; y verdad, donde hay error; así nuestra sociedad caminará por una vía de armonía, justicia y respeto.

Cristo es el Príncipe de la paz. A nosotros nos toca abrir y quitar cerrojos de nuestras puertas para acogerlo.  Aprendamos de María y José: pongámonos con fe al servicio de nuestra sociedad, para crear un ambiente más justo y armónico.  Aunque no lo comprendamos plenamente, confiémonos a la sabiduría y bondad de Dios.  Busquemos ante todo el Reino de Dios y la Providencia nos ayudará.

“Por desgracia en nuestros días, ésta no representa una paz lograda y estable, sino una paz fatigosamente buscada y esperada”, pero en pocos lugares vivida y consolidada.   Sin embargo, “Dios no se resigna nunca a este estado de cosas, y por ello también este año, en Belén y en el mundo entero, se renovará en la Iglesia el misterio de la Navidad”, (Idem.) que es el Misterio de la verdadera paz; por eso, la Navidad no es solo un cuento de niños, sino un compromiso, una responsabilidad que Dios, al mandar a su Hijo al mundo, nos ha encargado; que en nuestro corazón y en nuestro entorno reine la paz.

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