GOTAS DE ESPERANZA
La fábrica se levantaba airosa, muy engreída con sus chimeneas altísimas, sobre la humildad de las casas obreras. Y nadie sabe qué pasó, mas un día se hundió con todo su peso y un montón de ruinas fue la sepultura de innumerables obreros. Comenzaron los trabajos de salvamento. Los soldados acordonaron el lugar y los picos buscaban ansiosamente las vidas que todavía podían salvarse. Algún grito ahogado se escuchaba pidiendo salvación entre los escombros. Una multitud de curiosos contemplaba anhelante los trabajos. Llegó un mozo robusto y bien plantado y se puso a mirar con aire distraído el espectáculo. Con los ojos muy abiertos, veía trabajar a los que se afanaban en ahondar entre las ruinas. De pronto alguien le toca en el hombro y le dice:
¡Oye, entre esas ruinas también está tu hermano! El mozo no oye más; de un salto rompe el cordón de los guardias, coge un pico y comienza a trabajar con ahínco. ¡Acaso le encuentre!, piensa, ¡acaso llegue todavía a salvarle!