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Sembrando Esperanza

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CUANDO EL AMOR SE SELLA PARA SIEMPRE

“En una página justamente famosa, Tertuliano ha expresado
acertadamente la grandeza y belleza de la vida conyugal en Cristo:
¿Cómo lograré exponer la felicidad de ese matrimonio que la Iglesia
favorece, que la ofrenda eucarística refuerza, que la bendición sella,
que los ángeles anuncian y que el Padre ratifica? ¡Qué yugo el de
los dos fieles unidos en una sola esperanza, en un solo propósito, en
una sola observancia, en una sola servidumbre! Ambos son hermanos
y los dos sirven juntos; no hay división ni en la carne ni en el espíritu.
Al contrario, son verdaderamente dos en una sola carne y donde la
carne es única, único es el espíritu”11 Familiaris Consortio No. 13.4,
Juan Pablo II.
Les comparto esta historia que nos ayuda a comprender el valor
definitivo del matrimonio.
Salen de la Iglesia. La esposa, blanca, gozosa y feliz, miraba con
ternura a su nuevo esposo. Él, le sonríe. Se ven felices y contentos.
Cuando leen estas líneas, ¿piensan si seguirá siendo feliz este
matrimonio?
Después de ver a los recién casados, he mirado alrededor. Hombres
y mujeres elegantemente vestidos y arreglados presencian la escena.
Pero parece que están más pendientes y preocupados de quedar bien
ellos, como si ellos fueran la parte más importante de la ceremonia
que se está realizando. Tienen una pose muy estudiada.

Hay algunos matrimonios jóvenes y otros maduros. No se sonríen
mutuamente, solo esbozan una sonrisa algo forzada. Siempre queda
mejor sonreír que estar serios; es más elegante, y en esos casos es
de rigor. Yo pienso: estas esposas también un día salieron blancas,
gozosas y felices de una iglesia y sus maridos les sonreían. También
se prometieron amor eterno, como si aquel amor hubiera sido flor de
primavera y ahora parece que el amor se marchitó. ¿Qué ha ocurrido?
No, me dice un matrimonio mayor, es que ahora nos amamos de otra
manera. Y es cierto que la expresión del amor puede ser muy diversa.
Lo importante es que exista amor. Pero ¿por qué algunos esposos ya
no se toman de la mano?… ¿es que se aman de otra manera? ¿Por
qué no se besan tiernamente como antes?… ¿es que se aman de otra
manera? ¿Por qué no están ambos pendientes de complacerse?…
¿es que se aman de otra manera? ¿Por qué ella, la “más maravillosa
del mundo”, ahora es la “más pesada e inaguantable” y él antes era
“el hombre más interesante y amoroso” y ahora es “un egoísta”?…
¿es que se aman de otra manera? ¿Por qué?, ¿por qué sucede esto
y mucho más?
Realmente, ¿es cierto que se aman de otra manera? Cuesta entender
ese modo de amarse. Para algunos pareciera como si el rosal se muriese
al marchitarse las flores de otoño y dan todo por perdido. El fuego
no está apagado, aunque la leña no esté ardiendo furiosamente. Hay
un fuego, un fuego tranquilo, intenso, durable, debajo de las cenizas.
No digas: yo solo tengo cenizas. Esa es la postura del desesperado y
del cómodo que no quiere molestarse en avivar las brasas del fuego.
Felizmente, no todos los matrimonios son flores marchitas. Recuerdo
las bodas de oro de un matrimonio. Llegó el momento de decirse que
se querían y él dijo: “Sí, la quiero más que el día que nos casamos.
Y ella declaró: Sí lo quiero. ¿Cómo iba a aguantar a este gruñón de
mal genio si no lo quisiera?” Hay bodas de oro; hay amores que
no disminuyen, que solo pasan pequeños catarros, enfermedades

transitorias de las que salen más fortalecidos. Hay que aplaudir con
gozo y alegría a esos matrimonios con las manos entrelazadas que se
miman y se quieren tiernamente después de 30 o 50 años de casados.
No tienen que darse explicaciones de nada, solo expresarse con una
caricia que el amor de hoy es más intenso que ayer y que mañana
será más que hoy. Cada uno debe realizarse como persona en el
lugar y circunstancias en que se encuentran. Los casados escogieron
realizarse juntos.
Dios los unió y se presentan ante la Iglesia para contraer matrimonio y
¿por qué lo hacen? Porque quieren expresar públicamente que creen
que Dios los llamó para fusionarse. Porque ven en su amor la voluntad
de Dios.
Fue Dios quien hizo que se conocieran.
Fue Dios quien hizo que se enamoraran.
Fue Dios quien los mantuvo en su ejemplar noviazgo.
Es Dios quien se compromete con las parejas que se casan. Él les ha
sido fiel siempre y lo seguirá siendo. La constante de su amor ha sido
y será Dios. ¡Dios, mis queridos esposos, es fiel! ¡Sean fieles a Él!
Si Dios ha sido fiel con ustedes, lo lógico, lo normal, es que siempre
lo pongan en primer lugar. No tengan miedo de hacerlo. ¡Dios es
amor y lo único que quiere es que sean felices!
1. Un buen matrimonio debe crearse.
2. Dentro de éste, las cosas pequeñas son las más importantes…
3. Es nunca ser demasiado viejo para tomarse de las manos.
4. Es recordar decir “te quiero” por lo menos una vez al día.

5. Es nunca ir a dormir estando enojados.
6. Es estar de acuerdo en los valores y tener objetivos comunes.
7. Es estar juntos frente al mundo.
8. Es formar un círculo de amor cuya función sea unir a la familia.
9. Es decir palabras de estímulo y siempre demostrar gratitud con
detalles y cariño.
10. Es tener la capacidad de perdonar y olvidar.
11. Es dar uno al otro una atmósfera en la que cada uno se pueda
desarrollar.
12. Es realizar una búsqueda en común de lo bueno y de lo
hermoso.
13.No es solamente casarse con la persona adecuada…
14. Es ser el socio ideal.

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