CUANDO LOS PADRES SE INVOLUCRAN EN LA FORMACION DE SUS HIJOS
Educar a los hijos es crear obras maestras eternas. Educar un niño
es hacer de él, en el pleno sentido de la palabra, un hombre y un
cristiano.
“NO hay verdadera educación que no esté dirigida al fin último de la
persona humana” (Pío XI). Llegar a ser la flor de la que él es semilla:
tal es la secreta aspiración de todo niño.
Diversos autores han expresado su definición de educación:
“La educación es la ayuda que prestan a los que no ven la grandeza
de su destino, los que la han visto” (F. Charmot).
“Una madre da cada día a luz a su hijo y le da vida” (L. Vernie).
“La educación es cuestión de tacto y de matiz” (CH. Baudiuoin).
“La madre es madre, no solo del cuerpo de su hijo, sino de su corazón
y de su alma” (F. Charmot).
En educación, todo es cuestión de tacto, de juicio, de corazón.
Exige más habilidad que fuerza, más espíritu de delicadeza que rigor
geométrico, más amor que conocimientos.
Es la labor incansable que deben llevar a cabo los padres de familia,
alentando, acompañando, guiando, exigiendo, corrigiendo, pero
especialmente, enseñándoles a sus hijos las consecuencias que
conllevan cada uno de los actos que realicen, ya sea para bien o para
mal.
Lo importante en su formación es hacerles reflexionar, enseñarles
con métodos prácticos, incluso medibles, de forma que cada niño
mida con objetividad las acciones que realiza y las repercusiones que
pueden tener esas acciones.
Les comparto esta historia, que, sin duda, será de gran lección, no
solo para los papás, sino para los hijos. “Había una vez un niño que
tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo
que cada vez que perdiera la paciencia debía clavar un clavo en la
cerca. El primer día, el niño había clavado 37 clavos en esa cerca.
Al paso de las siguientes semanas, mientras aprendía a controlarse,
el número de clavos puestos en la cerca empezó a aminorar. El niño
descubrió que era más fácil controlar su temperamento que estar
poniendo clavos en la cerca.
Finalmente llegó el día cuando el niño por completo ya no perdió el
control. Vino y se lo dijo a su padre y el padre indicó al niño que ahora
sacara un clavo por cada día que había podido contener su enojo.
Los días pasaron y el niño pudo al fin terminar y fue y dijo a su padre
que ya todos los clavos habían sido sacados. El Padre tomó al niño
de la mano y lo llevó junto a la cerca y le dijo: Lo has hecho muy bien,
hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la cerca. La cerca ya nunca
será la misma.
Cuando estás enojado y ofendes de palabra, esas palabras dejan una
cicatriz como estos hoyos. Puedes enterrar un cuchillo en un hombre
y sacarlo, pero no importa cuántas veces digas que lo lamentas, la
herida va a permanecer ahí; una herida verbal, afecta tanto como una
física.”12
12 Tomado de la Web. Guiainfantil.com https://www.guiainfantil.com/1428/cuento-infantil-e