SI SUPIERAMOS LO QUE VALE UN ALMA
La fe es un inmenso don de Dios y vale más que la vida misma. Solo
con ella puede el hombre caminar en su existencia hacia el destino
eterno, aunque a veces no lo veamos, aunque le rodeen espesas
tinieblas, aunque nos azote la duda, aunque nos domine el miedo,
aunque nos invada el desaliento, ya que “el justo vive de la fe”
(Romanos 1,17)
Esta fe es la que nos lleva a aspirar a realidades superiores,
transcendentes y por qué no, eternas. Fe significa que tenemos
en nuestro interior el espíritu cristiano que nos impulsa a dar un
poquito de nosotros a los demás, queremos el bien de las personas
y buscamos ayudarles, servirles. De ahí que los orfanatos, asilos,
hospitales son un servicio desinteresado lleno de amor y abnegación
¿Por qué?, porque la Iglesia no es una mera institución filantrópica.
Es mucho más que eso porque lleva consigo un mensaje que libera al
hombre y lo conduce hacia verdes pastos, hacia el encuentro con el
Buen Pastor, hacía un camino de eternidad.
Así como Dios tiene un plan de salvación y quiere que todos los
hombres nos salvemos, así la Iglesia, de la cual cada uno de nosotros
formamos parte como instrumentos de Dios, nos lleva ese mensaje y
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nosotros podemos llevarlo en palabras y ejemplos a otras personas.
“Un día conocí a un hombre manco mayor de edad en una región
donde posteriormente quedaría establecida una obra misionera
católica. A Lewis se le ofreció literatura e instrucción cristiana, pero la
rechazó con furia. Él vivía en una casa muy modesta en la ladera de
una montaña.
Un día le pregunté acerca del brazo que le faltaba. “Bueno” –dijo-
“una noche, cuando era joven y alocado, yo decidí dar un paseo
gratis en un tren de carga. Mientras trataba de sujetarme entre dos
vagones, una sacudida brusca me hizo perder el agarre y caí entre los
dos vagones. Caí sobre los durmientes con mi brazo extendido sobre
el riel, y la rueda del tren me lo cortó. Allí quedé tendido mientras
trece vagones pasaron sobre mi”
Pensé para mí: tan cerca de la muerte y aún con tanta dureza en su
corazón. ¿Cómo puede ser posible? Mantuvimos contacto con este
nuevo amigo, y pronto una pequeña capilla fue fundada cerca de su
casa. Su corazón de piedra comenzó a ablandarse. Asistió a la iglesia
y luego fue bautizado y recibió a Cristo en la Comunión.
Lewis, un ex fumador de cigarrillos, empezó a tener problemas
físicos. Su laringe se infectó y tuvo que ser quitada, dejándolo mudo.
A partir de ese momento, cuando no podíamos leer sus labios, él se
comunicaba con la ayuda de lápiz y papel. Finalmente, fue llamado a
su morada eterna para recibir su galardón.
Hay muchísimas almas en condiciones similares a la de este buen
hombre.”19 Tal vez muchos son seres cercanos, conocidos o amigos,
e incluso familiares: primos, tíos, y sin ir muy lejos, nuestros propios
padres.
19 Autor desconocido. https://nostalgiabajolaluna2.blogspot.com/2018/05/nuevo-dia_3.html
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Hace años, yo escuché decir que un promedio de ochenta y tres almas
por minuto van a la tumba sin Cristo, alejados de Él. ¡Qué cifra tan
asombrosa! Si hoy el Señor nos preguntase: ¿Y tú, a cuántas personas
has acercado hacia mí?, ¿cuántas han llegado al cielo gracias a tu
testimonio y a tu palabra que les indicó el camino del cielo?
Esperamos que el día cuando el Señor nos llame, no lleguemos con
las manos vacías. Qué sabias son las palabras de San Pablo a los
Romanos: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de
Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro”, en Él está la
salvación de mi alma, no lo olvides. (Romanos 6,23