EL PESO QUE LLEVAS EN TU VIDA, DIOS LO HACE LLEVADERO. TU SOLO CONFIA
Los hombres, a lo largo de nuestro caminar, vamos absorbiendo
muchas experiencias, cuantiosas situaciones que, en un momento
determinado de nuestro viaje por estas latitudes humanas se
convierten en un peso. Una carga que en ocasiones se hace difícil
de llevar, experiencias negativas, traiciones, frustraciones, miedos,
angustias, fracasos, heridas, aflicciones que nos cuesta mucho soltar
y no nos permiten aligerar nuestro caminar.
Nos empecinamos en llevarlas como una necesidad cultural,
ambiental, etc., ¿Por qué las seguimos cargando?
Por otra parte, tenemos cargas más grandes, pero sentimos que nos
pesan menos, nos cuestan menos y las llevamos con tranquilidad,
pues a diferencia de otras, las llevamos con amor.
“Había una vez un arqueólogo en África. Viajó a la India en peregrinaje
a los Himalayas, particularmente a los templos y estructuras antiguas,
los cuales son muy difíciles de alcanzar y, en aquellos tiempos mucho
más.
Mucha gente simplemente no volvía. Se llegaba a través de pequeños
senderos al borde de precipicios de 3,000 metros de profundidad,
con nieves perpetuas. Tan solo un pequeño resbalón y todo habría
acabado. Ahora las cosas están mejores, pero en el tiempo del que
estoy hablando era muy difícil. El hombre iba cansado, aun llevando
muy poco equipaje (porque llevar mucho equipaje a esas alturas se
hace imposible); según el aire se va volviendo más fino, se hace más
difícil respirar.
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Delante de él, vio a una niña que no tendría más de diez años
cargando a un niño muy gordito sobre sus hombros. Ella iba sudando,
respirando pesadamente, y cuando el hombre pasó a su lado le dijo:
Niña, debes de estar muy cansada. Llevas mucho peso sobre ti.
La niña le respondió: Tú eres el que lleva peso, esto no es un peso,
esto es mi hermanito.“24
En ciertas ocasiones pensamos que no podemos llegar delante de
Dios por miedo a ser una carga para Él. Pensamos que al igual que el
nuestro, el amor de Dios es limitado y condicionado. El amor de Dios
es tan grande que no lo podemos entender, solamente lo podemos
aceptar. Siempre que el enemigo nos haga pensar que Dios no tiene
tiempo para nosotros y que somos una carga, debemos recordar que
Dios no lleva “cargas”, nos lleva a nosotros que somos su creación;
y, en cuanto al tiempo, es solamente una limitación de nosotros los
humanos.
Tenemos que convencernos que para Dios no somos ninguna carga,
aun cuando nuestro pasado y presente estén llenos de imperfecciones,
malas decisiones y egoísmos. Para Dios somos sus hijos y eso basta.
Él nos aligera de nuestras dolencias, impaciencias, pecados y siempre
nos perdona si acudimos a Él con humildad. No hay que sentirse sin
remedio, sin sanación. Para Dios nada es imposible, y especialmente
si nosotros se lo pedimos.