¿ QUIERES SER FELIZ ? NO TE COMPLIQUES LA VIDA
La vida es sencilla en la medida en que queramos hacerla sencilla, y
será complicada en la medida en que nosotros nos compliquemos.
Cuántas vidas hay amargadas, tristes, sin sentido, sin brillo,
desazonadas y llenas de confusión. Son muchas las ocasiones en que
nos encontramos con situaciones sociales y morales más complejas
que requieren mucho tiempo para resolverlas, incluso años y décadas.
Tanto es así, que pasan los siglos y los conflictos entre los hombres
permanecen.
Cada vez nos encontramos con más normas, leyes y reglas para hacer
que el hombre se modere, se regule, se ordene. Solo basta leer
un contrato de seguros o de notaría, un registro de un carro o de
una propiedad, para darnos cuenta lo rebuscado y complicado que
hacemos la vida.
Calles congestionadas por el tránsito, horas y horas sin movernos
mayor distancia; filas y filas para solucionar problemas que no
deberían de requerir más de 2 minutos de arreglo.
Hasta viajar se ha vuelto más complicado porque ahora implica
esperas interminables en los aeropuertos, complicadas medidas que
imponen las líneas aéreas que son una burla para los que creemos
que es un servicio que deberían de dar a los pasajeros. Regulaciones
que incluyen llevar un máximo de maletas, un peso determinado,
cantidad de líquido en los envases… ¡Cuántas normas, restricciones
y burocráticos trámites que solo nos complican la vida! Todo el
tiempo perdido detrás de un teléfono esperando que nos atiendan
pasándonos de departamento en departamento o escuchando
grabaciones de voz que nos obligan a presionar una cantidad
interminable de números. Actualmente todo pareciera que la vida es
más sencilla, pero se ha complicado de una manera absurda.
La vida en realidad es simple, pero nosotros lo complicamos todo.
Nos gustan las cosas complejas y enmarañadas, pero tenemos un
consuelo y, por lo menos, el ejemplo que todos podríamos seguir. Sí,
Dios. Dios es sencillo en todas sus enseñanzas por lo que debemos
de vivir sencillamente la vida.
Leí que si un abogado hubiera escrito solamente esta frase del Padre
Nuestro: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, se leería así:
“Con los debidos respetos, solicitamos y pedimos que, debido a
que es necesario hacer una provisión adecuada, en este día y fecha
arriba escritos, para satisfacer las necesidades nutricionales de los
peticionarios, y para organizar los métodos de almacenamiento y
distribución, como se juzgue conveniente y necesario, así como
apropiado para asegurar la recepción por y para dichos peticionarios
de tal cantidad de productos (llámese pan) se nos conceda la cantidad
suficiente de estos productos”.
¡Pero qué complejidad! Y así vamos por la vida, complicándonos y
complicando la existencia de los demás. Gracias a Dios que Él, en su
bondad, ha hecho la vida católica sencilla.
Aprovechemos hoy y tomemos la parte sencilla de la vida, aquella
que nos hace ser libres, abiertos, disfrutar cada instante con alegría,
ilusión y a totalidad. ¿Ya tomaste lo sencillo de Dios y lo hiciste parte
de tu vida? Si no lo has hecho aún, pruébalo hoy.
Qué bueno es saber que el Creador de todo lo que existe no se ha
colocado lejos de nosotros o ha instalado barreras para que sea difícil
alcanzarlo. Contrario a esto, hasta un niño, en su sencillez, lo puede
tocar por medio de la oración, de la naturaleza, de los juegos, e
incluso de las travesuras sanas. No perdamos la sencillez, la inocencia,
la bondad, dicho de otra manera, no iniciemos a complicar nuestra
existencia.
¿Lo hemos alcanzado hoy? Detengámonos para decirle algo en
oración y en forma simple. Hablémosle a Él y nos responderá de
forma sencilla.
Que sabias son las palabras de 1 Reyes 8:29: “Que estén tus ojos
abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual
has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo
haga en este lugar” o en el pasaje de 2 Reyes 20:5 “Vuelve, y di a
Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice el Señor, el Dios de David
tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que
yo te sano; al tercer día subirás a la casa del Señor”.
Vivamos en paz, vivamos con Dios. Recibamos en nuestro corazón la
sencillez de Dios y hablemos con Él llenos de amor y espontaneidad,
esto cambiará nuestra vida. Encontremos a Dios en la sencillez de
nuestro día a día, hablémosle, palmémosle, sintámosle y veremos
como nuestra vida comienza a ser diferente… Y con respeto a
todas las instituciones, empresas y organismos como por ejemplo
los bufetes de abogados, médicos, aerolíneas, bancos, organismos
públicos y políticos, que no son más que “sistemas de complicación”,
aprendamos a ser más sencillos y a descomplicarle la vida de los demás.
No caigamos en las garras de lo complejo y en su modo de pensar y
actuar. PARA UNA VIDA FELIZ, UNA VIDA DESCOMPLICADA.