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Sembrando Esperanza

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CUANDO LA CASCARA DE HUEVO SE HA ROTO Y YA NO SE PUEDE PEGAR

Padre Dennis Doren, L.C.

CUANDO LA CÁSCARA DE HUEVO SE HA ROTO,
YA NO SE PUEDE PEGAR
Las palabras no las lleva el viento, las palabras dejan huella, tienen
poder e influyen positiva o negativamente. Por eso nuestro deber es
cuidar lo que decimos, cómo lo decimos y cuándo lo decimos. Para
los griegos la palabra era divina y sus filósofos elogiaban el silencio.
Consideremos estas razones y cuidemos nuestros pensamientos,
porque ellos se convierten en palabras. Cuidemos nuestras palabras,
porque ellas marcarán nuestro destino.
Pensemos muy bien antes de hablar; calmémonos cuando estemos
airados o resentidos y hablemos solo cuando estemos en paz.
De las palabras depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia,
la paz o la guerra.
Una cometa se puede recoger después de echarla a volar, pero las
palabras jamás se podrán recoger una vez que han salido de nuestra
boca.
Las palabras tienen mucha fuerza. Con ellas podemos destruir lo que
hemos tardado tanto tiempo en construir. Es fácil herir y hacer sufrir a
los demás con nuestros comentarios y palabras.
Les comparto la siguiente reflexión, pensando siempre en el peso de
nuestras palabras y en todo el bien a la que están llamadas a hacer.
“¡Te odio, Alicia!”, le gritó Tom. “¡Mas nunca vuelvas a entrar a mi
cuarto! ¡Eres una ladrona!”.
“¡Eh, qué dices!”, llamó el abuelo, que venía por el pasillo. “¿De qué
se trata toda esta gritería?”.
“Tom dice que yo le robé sus tijeras, pero yo no lo hice”, -gritó Alicia
desde su habitación. “¡Él es un mentiroso y también es mejor que
no vaya a entrar en mi habitación!”, terminó de decir Alicia y cerró la
puerta de un tirón.
Con un suspiro, el abuelo revisó la estancia. No pasó mucho tiempo
antes de que él descubriera las tijeras de Tom sobre la mesa del
pasillo. Ambos niños, muy enojados, insistieron en que el otro las
había dejado allí.
“¡Silencio!”, ordenó el abuelo. Les hizo señas de que le siguieran y se
dirigió hacia la cocina, donde puso un huevo y una taza vacía sobre
la mesa.
“¡Alicia, rompe este huevo y échalo en la taza!”, le dijo el abuelo. Los
niños se preguntaban a dónde se dirigía el abuelo con todo esto,
pero Alicia obedeció.
“¡Ahora, tú, pon el huevo de regreso dentro de la cáscara. Por favor,
en la misma forma en que estaba antes!”, le dijo el abuelo a Tom.
Tom frunció el ceño. “¿Qué quieres decir?”, le preguntó. “Esto es
imposible abuelo. Tú no puedes arreglar un huevo roto”.
“¿Igual que Humpty Dumpty, no?”, dijo el abuelo con una risita.
Entonces se puso serio. “El punto es que hay otra cosa como
Humpty Dumpty, algo que NO puede ser arreglado fácilmente. Estoy
pensando en los sentimientos. Niños, ustedes se dijeron cosas feas
entre sí. Recoger las palabras es algo tan imposible como componer
un huevo”.
Ambos niños se sintieron mal. “Nunca se les olvide lo dañinas que
pueden ser las palabras”, les advirtió el abuelo. “Dios dice que la
lengua es como un fuego que no puede ser apagado. Así es el gran
daño que pueden hacer las palabras. Aun cuando dices que lo sientes,
esto no hace que se desaparezcan”.
“Lo siento”, Tom le dijo a su hermana.
“Sí, … bueno,… yo también”, contestó Alicia. “Puedes entrar en mi
habitación, si lo deseas”.
¿Qué tal tú? ¿tienes cuidado de las palabras que dices, o dices las
cosas antes de pensarlas? Aun cuando te disculpas, la otra persona
puede que aún recuerde esas palabras que dijiste. Pídele a Dios que
te ayude a controlar tu lengua.”48
Qué sabias las palabras de Efesios 4:29 “No salga de vuestra boca
ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación,
según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que
escuchan”.
Cuántas veces una palabra fuera de lugar es capaz de arruinar algo
por lo que hemos luchado; cuántas veces una palabra de aliento tiene
el poder de regenerarnos y darnos paz.
Las palabras ofensivas o despectivas nunca han creado algo
edificante. Con el uso de expresiones agresivas, lastimamos a las
personas provocando heridas, creando resentimientos y dolor, que
se volverán a nosotros. Las palabras son la manifestación de nuestro
mundo interior, al cuidar de nuestro lenguaje purificamos nuestro
mundo interior.
“Una palabra amable: puede suavizar las cosas.
Una palabra alegre: puede iluminar el día.
Una palabra oportuna: puede aliviar la carga.
Una palabra de amor: puede curar y dar felicidad.
Una palabra irresponsable: puede encender discordias.
Una palabra cruel: puede arruinar una vida.
Una palabra de resentimiento: puede causar odio.
Una palabra brutal: puede herir o matar.”49
48 Autor desconocido. https://cristianos.com/te-sientes-capaz-de-controlar-tus-palabras/
49 Autor desconocido https://es-es.facebook.com/regnumchristi/posts/una-palabra-amable
puede-suavizar-las-cosas-una-palabra-alegre-puede-iluminar-el/10151878267047766/

¡Las palabras son vivas! ¡Bendicen o maldicen! ¡Alientan o abaten!
¡Salvan o condenan!
“Si todas nuestras palabras son amables, los ecos que escucharemos
también lo serán”. De nosotros depende si las usamos para bien o
para mal, tanto para nosotros como para los demás. Hablemos de tal
manera que en nuestra alma y en la de los demás, cada palabra que
pronunciemos produzca paz

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