CUANDO VIVES LO QUE EXIGES Y JUZGAS
Los hombres somos dados a ver, como dice Jesús, “la paja en el
ojo ajeno y dejar de ver la viga que tenemos en el nuestro”. Somos
duros, jueces implacables de las acciones de los demás. Criticamos,
hablamos, corregimos y decimos las cosas como si nosotros no
tuviésemos errores, debilidades y fallos. Necesitamos de la humildad,
de la prudencia, de la sensatez, de la bondad de corazón, como bien
nos lo dice San Pablo repetidamente en sus cartas, como por ejemplo
en la carta a Tito 2.1-8, 11-14.
2 Mas tú enseña lo que es conforme a la sana doctrina. 2. Que los
ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad,
en la paciencia, en el sufrimiento. 3. Que las ancianas asimismo sean
en su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni esclavas
de mucho vino, maestras del bien. 4. Para que enseñen a las jóvenes
a ser amantes de sus maridos y de sus hijos. 5. A ser sensatas, castas,
hacendosas, bondadosas, sumisas a sus maridos, para que no sea
injuriada la Palabra de Dios. 6. Exhorta igualmente a los jóvenes para
que sean sensatos en todo. 7. Muéstrate dechado de buenas obras:
pureza de doctrina, dignidad. 8. Palabra sana, intachable, para que
el adversario se avergüence, no teniendo nada malo que decir de
nosotros. 9. Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que
agraden en todo, que no sean respondones; 10. no defraudando,
sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la
doctrina de Dios nuestro Salvador. 11. Porque se ha manifestado la
gracia salvadora de Dios a todos los hombres. 12. Que nos enseña a
que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos
con sensatez, justicia y piedad en el siglo presente. 13. Aguardando
la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y
Salvador nuestro Jesucristo. 14. El cual se entregó por nosotros a fin
de rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo que
fuese suyo, fervoroso en buenas obras.”
Tal vez este momento sea una conveniente oportunidad para hacer
un buen examen de conciencia de nuestros juicios, actitudes y
comentarios que hacemos de los demás. Por eso les invito a que
nos detengamos un momento y respondamos con sinceridad a las
siguientes preguntas:
“Tú que reclamas lo que no recibes, ¿ya pensaste en lo que no das?
Tú que te lamentas porque sufres, ¿ya pensaste en cuánto haces
sufrir?
Tú que acusas a la ignorancia, ¿ya evaluaste tus conocimientos?
Tú que condenas el error, ¿ya percibiste cuánto has errado?
Tú que te exiges la sinceridad de tus amigos, ¿cuántas veces has
traicionado?
Tú que te quejas de penurias, ¿ya viste cuánto más posees que los
otros?
Tú que criticas el mundo, ¿ya hiciste algo para mejorarlo?
Tú que sueñas con el cielo, ¿qué has hecho para extinguir el infierno?
Tú que te dices modesto, ¿te sientes orgulloso de parecer humilde?
Tú que condenas el mal, ¿has procurado difundir el bien?
Tú que te afliges con la pobreza, ¿has usado bien lo mucho o poco
que tienes?
Tú a quien le duelen las espinas, ¿has cultivado rosas?
Tú que tanto lamentas las tinieblas, ¿has esparcido luz?
Tú que te ocupas de ti mismo, ¿te has preocupado de los otros?
Tú que te sientes tan pequeñito, ¿has procurado crecer?
Tú que te quejas de soledad, ¿has brindado tu compañía a un amigo?
Tú que te indignas contra la enfermedad, ¿qué has hecho por tu
salud?
Tú que anhelas la concordia, ¿has combatido la discordia?
Tú que pides fidelidad y respeto, ¿mantienes la palabra dada a tu
pareja e hijos y procuras nunca agredirlos con palabras, gestos y
acciones que no valoran su dignidad?”51
Todos queremos un mundo, un entorno y una sociedad mejor. Pero
solo comenzará a cambiar si nosotros cambiamos. No exijamos a
los demás lo que no vivimos. No prediquemos ni impongamos, ni
obliguemos lo que no estamos dispuestos a vivir en primera persona
en nuestra vida. Eso no es estar en la verdad ni en el bien.
Busquemos siempre ser coherentes con lo que transmitimos a los
demás. Seamos luz en medio de la oscuridad, hagamos el bien en
medio del mal que nos toca ver. Llevemos la semilla de amor que
Dios nos puso en el corazón el día de nuestro bautismo. Comencemos
hoy a ver a los demás con un corazón grande, compresivo, lleno de
misericordia y compasión.
Les invito a asumir este gran desafío, porque todos queremos vivir en
un mundo mejor.
51 P. Doren, Dennis. https://www.pressreader.com/el-salvador/la-prensa-grafica/20160207/281943
131924268?srsltid=AfmBOorU61jMYJpmAgMLRWG96HExp1XMlt1P3XCX-R1K_Zo75fGctL-