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Historias y anécdotas

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Poco antes de la guerra, un ingeniero excelente cristiano se esforzaba por hacer algún bien a los obreros de una fábrica, sobre todo irradiando en torno a ellos el verdadero espíritu de Jesucristo. Frente a sí y empeñado en una propaganda en sentido inverso, tenía un encargado fogoso agitador y extremista, pero hombre íntegro, de gran

Pasa un viajero, un extranjero fastuoso —sin duda un cochero enriquecido—, y una de las hermanitas se adelanta a él y le pide dulcemente: — ¡Para nuestros ancianitos, si lo tiene a bien, señor! El extranjero la miró de arriba abajo con desprecio, pronunció una palabra innoble y, volviéndose, la escupió en el rostro. Ella no se descompuso.

Había un hombre de Dios que bajaba cada día, muy de mañana, al pueblo que se encuentra al pie de la montaña. Trabajaba con ilusión, sin olvidar a su Dios. Al terminar su labor realizaba la ascensión con el borrico de carga; y a la hora en que el sol da más fuerte se encontraba todos

Cuando presentaron a Luis XII la lista de los oficiales del rey su predecesor, señaló con una cruz roja los nombres de sus enemigos más encarnizados, sin decir una sola palabra acerca de sus intenciones. Advertidos los señalados de este modo y temiendo que el castigo no se limitaba a la pérdida de sus empleos, se

En el año 1832 hubo en París una epidemia de cólera. Cierto día, una hermana de la Caridad que se dirigía al hospital fue groseramente insultada por un obrero, el cual la siguió babeando inmundicias; y sin duda se hubiera atrevido a golpeada si no lo hubiesen impedido los circunstantes. Sin embargo, la buena hermana se

En el verano de 1914 Alfredo Víctor Smith era un joven policía, de servicio en Blackpool. Al estallar la guerra se incorporó en el 5º. Regimiento de East Lands, y en 1915 estuvo en Gallipoli. Dos días antes de Navidad, en una acción de guerra, cuando había quitado la espoleta de una granada de mano e iba

En Hong-Kong se convirtió un oficial al ver la delicadeza maternal con que una religiosa le había vendado llagas profundas que exhalaban un hedor insoportable. Rompió a llorar diciendo: Hace meses que me encuentro en tal estado, sin haber podido hallar a nadie que me ayudase. Todos han rehusado curarme, mas tú, extranjera ¿Quién te da valor?

Santa Catalina de Génova preguntó una vez a su director espiritual en qué debía reparar más cuando oraba o leía. El sacerdote le respondió: «Hija mía, en tus oraciones medita siempre las palabras: "Hágase tu voluntad." Y al leer la sagrada Escritura detente en la palabra "amor" siempre que salga. Pues sábete que esta palabrita es la

Estaba visitando el Secours Catholique de Lourrdes. En la sala de lectura, magnífica, me di cuenta de que la presidía uno de esos relojes viejos y grandes de pared. El reloj no tenía péndulo, ni horas, ni estrellas; sólo la esfera, y sobre ella se leía en letras rojas: «La caridad siempre es puntual». A la

Alejandro y Cayo, distinguidos cristianos de Apamea (Frigia), acérrimos enemigos de los herejes montanistas, fueron condenados a muerte durante el reinado de Marco Aurelio (h. 172). Al ser conducidos al suplicio junto con algunos montanistas, pidieron a sus verdugos, como una gracia singular, que los decapitaran por separado, para que su sangre no se mezclara ni