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Historias y anécdotas

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La vida cotidiana nos depara abundantes sorpresas que curiosamente nos ofrecen muchas lecciones. ¿No nos ha pasado que, para amigos, compadres, compañeros de trabajo somos generosos, amables, serviciales, atentos, muy tolerantes para enfrentar fallos, pequeños accidentes o desavenencias, mantenemos el rosto apacible y lleno de paz y amor? Pero qué diferente podemos ser en nuestro hábitat natural del hogar, con papás, hermanos,

Es hermoso constatar el amor y la generosidad de tantas personas que saben agradecer, reconocer los beneficios recibidos y están dispuestas a dar lo mejor de sí mismas en retribución por el gesto de amor que han recibido. Nuestra vida es una plataforma para amar y hacer de ella una entrega generosa y total, una entrega paciente, constante y llena de

La creación, un milagro del amor de Dios, es el gesto omnipotente del amor creador de Dios. (Génesis 1). Al leer las páginas de la Biblia, el espíritu del hombre se sorprende una y otra vez al contemplar el amor con que Dios lleva a cabo la creación de las cosas materiales, orientada a preparar la creación del hombre. Dios

¡Aleluya! “He resucitado y aún y siempre estoy contigo”. Estas palabras, entresacadas de una antigua versión del Salmo 138 (v.18b), resuenan al comienzo de la Santa Misa de este día. En ellas, al surgir el sol de la Pascua, la Iglesia reconoce la voz misma de Jesús que, resucitando de la muerte, colmado de felicidad y amor, se dirige al Padre

Jesús conoce perfectamente lo que hay dentro de nuestro interior. Sabe de nuestras alegrías, triunfos, salud, ilusiones, así como de nuestras penas, tristezas, derrotas, y enfermedades. Él sabe que no somos perfectos y que nuestra vida está acompañada de muchas fallas y malas decisiones. Si fuese un Dios que no nos entendiese, que estuviese al acecho de nuestros defectos y debilidades,

“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.” (Víctor Frankl). Cuántos de nosotros hemos construido un gran muro de los lamentos en frente a nuestras narices. Ya no es necesario trasladarnos a Jerusalén para encontrar un gran paredón en el cual podamos dejar nuestras peticiones, ruegos, llantos y lamentos. Este muro

La vida es sencilla en la medida en que queramos hacerla sencilla, y será complicada en la medida en que nosotros nos compliquemos. Cuántas vidas hay amargadas, tristes, sin sentido, sin brillo, desazonadas y llenas de confusión. Son muchas las ocasiones en que nos encontramos con situaciones sociales y morales más complejas que requieren mucho tiempo para resolverlas, incluso años y