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Pensamiento del día

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  MARÍA  Y EL MISTERIO DE LA RESURRECCIÓN Obraste perfectamente, Óptimo Jesús, cuando visitaste con sentimiento filial a tu amadísima Madre, la saludaste con respeto, le hablaste con dulzura, la consolaste cordialmente y, al mostrarle la felicidad de tu rostro, hiciste desvanecer toda su tristeza y las dolorosas lágrimas de sus ojos. Tan pronto como llegó a verte, desaparecieron

Por lo cual, es justo que en el día de hoy, mientras está delante de ti, que te apareciste a ella en el fulgor de tu gloria, María se haya vuelto más feliz de lo acostumbrado y se sienta colmada de nuevos consuelos, después de haber sufrido más cruelmente y llorado con más amargura que los

MARÍA Y EL MISTERIO DE LA RESURRECCIÓN Con cuánta atención fijó sus ojos en tu cuerpo glorioso, que antes había visto duramente llagado por crueles azotes, clavado en el madero de la cruz, atroz mente horadado en el costado derecho por la lanza de Longino y, a continuación, muerto y depositado en el sepulcro.  

¡De qué inefable gozo se sintió inundada en ese momento María, tu Madre, cuando te vio a ti, su Hijo, adornado de claro resplandor, con el cuerpo glorioso, más espléndido que la luminosidad del sol y más hermoso que todas las estrellas! Qué indecible y jubilosamente exultó su espíritu en ti, Jesús, Dios, su Sal- vador:

MARÍA Y EL MISTERIO DE LA RESURRECCIÓN Por consiguiente, si María es llamada Bienaventurada y recibe alabanzas, por haber creído en las palabras del ángel Gabriel, cuando le anunció el sagrado misterio de la encarnación, tanto más debe ser digna de ese título y merecer alabanzas, por haber creído en ti, el Hijo nacido de ella, y en todas