CUANDO EDIFICO MI PROPIO MURO DE LOS LAMENTOS
“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos
encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.”
(Víctor Frankl).
Cuántos de nosotros hemos construido un gran muro de los lamentos
en frente a nuestras narices. Ya no es necesario trasladarnos a
Jerusalén para encontrar un gran paredón en el cual podamos dejar
nuestras peticiones, ruegos, llantos y lamentos. Este muro lo tenemos
dentro de nosotros. ¡Cuántos muros invisibles gigantescos a donde
nos vamos a lamentar y a quejar creamos los hombres!
La cuestión es que hay muchas personas quejándose y lamentándose
por su vida. Que si su vida ha sido muy triste, que si han tenido mala
suerte. Unos se lamentan porque las cosas en su matrimonio no están
funcionando como ellos quieren y se la pasan de mal humor y con
la cara larga. Otros, se lamentan porque los años transcurren rápido
y no han logrado nada. Simplemente se dedican a odiar la vida y a
vivir amargados. Hay quienes se lamentan porque se sienten unos
perdedores y se dejan vencer y llevar por la inercia de la vida. Hasta
paran de luchar.
Hay muchos pensamientos o palabras que utilizamos para hacer
ese descontento evidente: Si pudiera, si hubiera, debería, cuánto
lamento, ojalá tuviera otra oportunidad.
En relación a esta última frase hay que considerar que las oportunidades
existen, pero, el dolor, las emociones mezcladas y la confusión que
sentimos en esos momentos no nos permiten verlas. No es que
las personas no tengamos derecho a lamentarnos, ya que esto es
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parte de la vida, pero no podemos pasarnos la vida quejándonos y
lamentándonos de lo que fue o de lo que pudo haber sido.
El pasado no lo podemos cambiar. Sin embargo, hoy cada uno
podemos experimentar el perdón, la sanidad y el consuelo de
Dios y comenzar a diseñar nuestra posteridad. Para ir hacia el
futuro necesitamos entender que, aunque tengamos que enfrentar
consecuencias de nuestras decisiones equivocadas en el pasado,
Dios siempre tiene la manera de hacer el bien.
Aprendamos a sacar de todas las situaciones y circunstancias un
provecho, un aprendizaje para nuestra vida. Eso será, por lo tanto, una
nueva oportunidad para ser mejores, para crecer y alcanzar nuestros
sueños. Digámosle no a las quejas y a los lamentos. Estos solo restan
fuerzas para alcanzar nuestros buenos propósitos de realización y
felicidad. “Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de
los que le aman, es decir, de los que Él ha llamado de acuerdo con su
plan.” (Romanos 8:28).
Dios es un Dios grande, bueno y misericordioso que siempre va a
sobrepasar nuestras expectativas. Dejemos que Él sane nuestro dolor.
Comencemos a soñar, quizás nos sorprendamos con muchas cosas
nuevas y buenas. Es preferible empezar a movernos hacia delante de
manera que terminemos con las quejas y lamentaciones. El pasado
queda detrás nuestro y el futuro está en las manos de Dios. Él nos
invita a participar de forma activa, no pasiva.
Hay una historia llamada “El camino del tigre” que te ayudará a
entenderlo mejor:
“Un hombre caminaba por la selva cuando vio una zorra lisiada.
¿Cómo se alimentará? se preguntó. En aquel momento, se acercó
un tigre con una presa en sus fauces. Sació su hambre y dejó luego
lo que había sobrado para la zorra. “Si Dios ayuda a la zorra, me
ayudará a mí también”, pensó. Volvió a su casa, se encerró y se
puso a esperar a que Dios le diese de comer. Nada de eso sucedió.
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Cuando ya se estaba quedando demasiado flaco para salir a trabajar,
se le apareció un ángel y le dijo: ¿Por qué decidiste imitar a la zorra
lisiada? –preguntó el ángel-. ¡Levántate, coge tus herramientas y
sigue el camino del tigre!
Nada sucede hasta que no des el primer paso. Para moverte hacia
adelante, necesitas cambiar. Y la pregunta que debes hacerte es:
¿Qué necesito cambiar en mi vida? Por ejemplo, un matrimonio que
está a punto de divorciarse y piensa que el esposo no la quiere porque
está pasada de peso y comienza a trabajar lo físico para recuperar
la mirada de él. Resulta que no es lo físico, no es el peso que uno
muchas veces gana en la vida, sino que necesita mejorar su actitud,
su personalidad o aprender a madurar sus emociones, o quizás otra
cosa como la comunicación. El no saber qué cambio debes hacer te
puede llevar otra vez al muro de los lamentos.
Para hacer cambios significativos en nuestra vida necesitamos de un
entrenador que nos ayude a ver las cosas que no estamos viendo
y que nos haga las preguntas correctas que nos lleven a conseguir
mejores posibilidades en nuestras relaciones, en nuestra comunidad,
trabajo, negocio.
Los resultados que podamos tener en la vida nos sorprenderán.
“Las cosas no cambian, cambiamos nosotros” (Henry David Thoreau).
Hoy es el mejor día para salir del muro de los lamentos, hoy tienes la
oportunidad de vivir la vida nuevamente y de hacer cosas nuevas y
mejores para ti y para Dios.”25
No caigamos en el mismo error de los israelitas, una vez liberados
de la esclavitud. “Los israelitas, sin embargo, seguían quejándose y
lamentándose de su esclavitud.” (Éxodo 2:23)
25 https://liderazgocreativo.com/09/2009/dejando-el-muro-de-los-lamentos/
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Por el contrario, experimentemos la presencia de Dios en nuestra
vida y veamos nuestro futuro con esperanza: “Y Dios mismo estará
con ellos, y ya no habrá más muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor;
porque todo lo que antes existía ha dejado de existir” (Apocalipsis
21:4) Elevemos nuestra mirada a Dios, con gratitud, con alegría, por
todo lo que se nos da: “Quiero alabarte, SEÑOR, con todo el corazón,
y contar todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti,
cantar salmos a tu nombre, Oh Altísimo” (Salmo 9:1-2)
No hay que dejar de sentir la necesidad de Dios, de sentirnos
criaturas necesitadas: “¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! (Salmo 139:1-4