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Sembrando Esperanza

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UNA LAVADITA PARA VOLVER A SER NIÑO

Como dice el refrán: “Si quieres ver las cosas que nunca has visto, haz
cosas que nunca has hecho”. De vez en cuando tenemos que romper
los moldes cerrados de nuestra vida y al salir de nuestros miedos e
inseguridades, nos tenemos que lanzar y romper esos paradigmas
personales que no nos dejan ser verdaderamente libres. Al lograrlo,
con nuestra vida podremos afirmar que realmente confiamos en Dios.
Los niños nos dan ejemplo de ello con su sencillez y apertura de
corazón. Se lanzan sin miedos ni límites, hasta que alguien les dice
que no se puede. Hoy salgamos un poco de nuestro mundo de
adultos y hagamos algo que nos diga que aún guardamos dentro ese
niño que un día fuimos.
“Había pasado todo el día con su mamá en un gran almacén esa
bella pelirroja con cara pecosa, clara imagen de la inocencia, no
debe haber tenido más de seis años. Todos nos quedamos frente a la
puerta resguardados de la lluvia.
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Esperábamos, algunos con paciencia y otros irritados, porque la
naturaleza les estaba estropeando su prisa rutinaria. Siempre me ha
gustado mucho la lluvia, me pierdo ante la vista de los cielos lavando
la suciedad y el polvo de este mundo. Al mismo tiempo, los recuerdos
de mi infancia corriendo bajo la lluvia son bienvenidos como una
forma de aliviar todas mis preocupaciones.
La voz de esta chiquita era muy dulce y rompió mi trance hipnótico
con esta inocente frase: Mamá, ¡corramos a través de la lluvia!
¿Qué? -dijo su mamá.
Sí mamá, ¡corramos a través de la lluvia!
No mi amor, esperemos a que baje la lluvia -contestó pacientemente.
La niña esperó otro minuto y repitió: ¡Mamá, corramos a través de la
lluvia! Y la mamá le dijo: ¡Pero si lo hacemos, nos empaparemos!
No mamá, no nos mojaremos. Eso fue lo que le dijiste esta mañana
a papá. Tal fue la respuesta de la niña mientras jalaba el brazo de su
madre.
Esta mañana, cuando le dijiste que podemos correr a través de la
lluvia y no mojarnos. ¿Ya no lo recuerdas?… cuando hablabas con
papá acerca de su cáncer y le dijiste que, si Dios nos hace pasar a
través de esto, puede hacernos pasar a través de cualquier cosa.
Todos nos quedamos en absoluto silencio. Juro que no se escuchaba
nada más que la lluvia. Todos nos quedamos parados, silencio total.
Nadie entró ni salió del almacén en los siguientes minutos. La mamá se
detuvo a pensar por un momento acerca de lo que debería responder.
¡Este era un momento crucial en la vida de esta joven criatura! Un
momento en el que la inocencia y la confianza podían ser motivadas
de manera que algún día florecieran en una inquebrantable fe.

Amor, tienes toda la razón, ¡corramos a través de la lluvia!… y si Dios
permite que nos empapemos, puede ser que Él sepa que necesitamos
una lavadita -dijo la madre y salieron corriendo.
Todos nos quedamos viéndolas, riéndonos mientras corrían por el
estacionamiento pisando todos los charcos. Por supuesto que se
empaparon, ¡pero no fueron las únicas! Las siguieron unos cuantos
que reían como niños mientras corrían hacia sus carros. Sí, es cierto,
yo también corrí. Y sí, también me empapé ¡Seguro Dios pensó que
necesitaba una lavadita!”
Tal vez esa lavadita significa quitar ese caparazón que nos tiene
atados a nuestro pasado, a una mala experiencia, a nuestro orgullo o
egoísmo y nos lancemos a refrescarnos con la lluvia del amor de Dios,
de su perdón, de su paciencia y de su libertad.

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