BIENAVENTURANZAS CUARESMALES
Toda la vida de Jesucristo fue un permanente y supremo acto de
donación a su Padre y a los hombres por amor. Belén y el Calvario
son los lugares privilegiados para aprender a amar. El primero señala
el inicio de esa donación de Dios en Cristo; el segundo, establece su
máxima expresión. “Habiendo amado a los suyos que estaban en el
mundo, los amó hasta el extremo” (Juan 13,1) hasta lo inimaginable.
Los amó según la medida de un Dios para quien nada hay imposible
porque su amor es infinito. La Iglesia, a través de los sacramentos,
actualiza en cada uno de nosotros esa donación de Cristo que no
conoce ocaso.
Bajo esta perspectiva, la Cuaresma se nos presenta como un momento
de dicha, de amor, de entrega, en una preparación consciente y
voluntaria, para descubrir este amor de Cristo. Que este período,
próximo para vivir la Semana Santa, sea para nosotros un momento
de bienaventuranzas.
Por eso les comparto estas reflexiones de Miguel Ángel Mesa, las
cuales, sin duda les ayudarán mucho en este camino Cuaresmal.
“Felices quienes recorren el camino cuaresmal con una sonrisa en el
rostro y sienten cómo brota de su corazón un sentimiento de alegría
incontenible.
Felices quienes durante el tiempo de Cuaresma y en su vida diaria
practican el ayuno del consumismo, de los programas superficiales y
ligeros de la televisión, de las críticas, de la indiferencia.
Felices quienes intentan en la cotidianidad ir suavizando su corazón
99
de piedra, para dar paso a la sensibilidad, a la ternura, a la compasión,
al acompañar al necesitado y darle amor y esperanza.
Felices quienes creen que el perdón, en todos los ámbitos, es uno
de los ejes centrales en la puesta en práctica del Evangelio de Jesús,
para conseguir un mundo reconciliado.
Felices quienes se aíslan de tanto ruido e información vertiginosa, y
hacen un espacio en el desierto de su corazón para que el silencio se
transforme en soledad sonora, en encuentro personal con Dios, en
silencio para un momento de oración.
Felices quienes recuerdan la promesa de su buen Padre y Madre Dios,
quienes renuevan a cada momento su alianza de cercanía y presencia
alentadora hacia todo el género humano.
Felices quienes cierran la puerta a la tristeza, a la angustia y al
pesimismo y abren todas las ventanas de su casa al sol de la ilusión,
del encanto, de la belleza, de la solidaridad.
Felices quienes emplean sus manos, su mente, sus pies en el servicio
gozoso de los demás; quienes más allá de todas las crisis mantienen,
ofrecen y practican la esperanza de la resurrección a todos los
desvalidos, marginados y oprimidos del mundo.
Entonces sí que habrá brotado la flor de la Pascua al final de un
gozoso sendero cuaresmal“20 (Miguel Ángel Mesa).
La Cuaresma es un camino que todos debemos recorrer. No podemos
evitarlo y, si en realidad sentimos empatía con el Señor, debemos
caminarla con pleno conocimiento de lo que significa: un momento
de encuentro con Cristo. No debemos ver la Cuaresma como un rito
mágico ni como una costumbre o tradición.
20 Mesa, Miguel Ángel. (Bienaventuranzas de la Vida -PPC-)
https://www.hospitalarias.org/wp-content/uploads/2019/04/5º-CUARESMA.pdf
100
Ese camino de la Cuaresma debe purificar nuestro corazón, quitar
todo aquello que nos aparta de Dios, todo aquello que nos hace
rencorosos, incomprensibles e intolerantes ante los demás y ante
nosotros mismos.
Ese camino debe minimizar nuestros miedos y aquellos enganches
que nos impiden acercarnos a Dios y nos hacen apegarnos a nosotros
mismos y a nuestros errores. Un hermoso camino de bien y de alegría
lleva en nuestro corazón la señal de la dicha y la felicidad al vivir
nuestra Cuaresma buscando y haciendo siempre el bien