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Historias y anécdotas

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SUS CUALIDADES  l  Corintios  13,4 La caridad es paciente, es servicial;  la caridad no es envidiosa. no es jactanciosa, no se engríe, 5 es decorosa, no busca su interés; no se irrita, no toma en cuenta el mal; 6 no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. 7 Todo lo excusa, todo lo cree,

Corintios   13,l   Aunque  hablara  las  lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena, o címbalo que retiñe. 2 Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aun- que  tuviera  plenitud  de  fe,  como  para trasladar montañas, si no tengo caridad,

Según una leyenda oriental, en el sitio donde se edificó Jerusalén vivían dos hermanos, uno de los cuales tenía muchos hijos y el otro estaba solo y soltero. En cierta ocasión, recogieron su cosecha y amontonaron el trigo en dos montones en la era. Una noche el hermano soltero pensó: «Mi hermano tiene una familia numerosa

El emperador Carlos V debía una crecida suma al rico banquero Fugger. Y cuando, en cierta ocasión, el emperador en persona fue a su acreedor a pedirle una demora, Fugger cogió el pagaré y, con gesto magnánimo, lo arrojó al fuego delante del emperador. Dios nos manda que perdonemos a todos

Fue un día el condestable de Chatillon a oír misa, y, cuando más abstraído estaba en sus oraciones, un pobre se acercó a pedirle limosna. El condestable sacó unas monedas de oro sin contarlas y las dio al pobre. Éste, sorprendido de tan generosa dádiva, creyó que no podía conservar en su poder aquella cantidad. Y,

Enrique IV, yendo un día de caza, sintió una sed abrasadora y, perdido en un tupido bosque, vino a llamar a la puerta de una cabaña y pidió algo con que apagar su sed. El aldeano, sin conocerle, cogió el único melocotón que pendía del árbol para dárselo. Algún tiempo después volvió el rey a la

El prefecto de un departamento de Francia, cristiano a medias, visitaba muchas veces los hospitales. Y, estando cierto día con la superiora en el despacho, entró una religiosa joven que, al ver al prefecto, hizo ademán de retirarse. — Entre usted, hermana —dijo él—. ¿Cómo se llama? — Hermana Leocadia —contestó la religiosa. — ¿En qué departamento está